Un gabinete de bajo perfil y alto riesgo

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La primera decisión de un presidente de la República es nombrar a su gabinete. Prerrogativa que, salvo los casos del titular de la Secretaría de la Función Pública y el procurador General que debe ratificar el Senado, le concede la Constitución.

En otros países, como sucede en Estados Unidos, el Senado ratifica o rechaza a los candidatos propuestos por el presidente después de examinarlos públicamente. Escrutinio que sirve para airear sus antecedentes ―buenos y malos―, confrontar las razones que tuvo su mentor para proponerlos e inferir su posible desempeño. Al no existir en México este proceso, la ciudadanía debe conformarse con las razones que, en cada caso, exponga el presidente en turno para justificar el nombramiento de los miembros de su equipo.

¿Qué razones explican la designación de cada secretario y la conformación de un gabinete presidencial? Con seguridad, por tratarse de decisiones unipersonales, en estas juega un papel importante la personalidad de cada presidente, su carácter, sus filias y fobias, sus compromisos, su visión y sensibilidad política. Aunque también pesarán las cuestiones privadas, quizá íntimas, que pudieran existir entre él y algunos de sus designados.

Es relevante destacar que mientras el PRI mantuvo la hegemonía del escenario político, la conformación del equipo del presidente, al menos el de inicio, servía para integrar a varias de sus corrientes y restañar heridas con los otrora rivales en la lucha por la sucesión. Se decía, que la pluralidad que no existía en el Congreso se daba, en cambio, dentro del gabinete, donde podían coincidir individuos con distintos matices ideológicos y posturas respecto a políticas públicas.

La larga hegemonía del PRI dio lugar, de manera informal e imperfecta, a un proceso de formación y renovación de cuadros en la Administración Pública Federal que, en la punta de la pirámide, culminaba con un cargo político. Quien llegaba a la presidencia de la República, antes había sido secretario. Y, a su vez, la mayoría de las designaciones de secretarios recaían en otrora subsecretarios y así, capilarmente, con los siguientes niveles de la estructura. La movilidad entre los poderes Ejecutivo y Legislativo era poco frecuente.

Esto conformó a partir de mandos medios hacia abajo, núcleos de servidores públicos que, sin ser necesariamente militantes del PRI, sobrevivían a las renovaciones del Poder Ejecutivo dada su especialización y conocimientos en sus respectivos campos. De hecho, en la práctica estos grupos fueron el semillero donde iniciaron su carrera muchos secretarios de Estado y directores de empresas paraestatales.

En el 2000, la alternancia política rompió este proceso informal de formación y renovación de cuadros. Vicente Fox* fue el primer presidente, en más de setenta años, que no ocupó antes una secretaría de Estado. Junto con él llegaron al gabinete muchas personas que tampoco tenían ninguna experiencia previa en la Administración Pública Federal y que provenían del poder Legislativo, del sector privado y del medio académico. En adición, para muchos de ellos, convertirse en titulares de una secretaría de Estado o de una entidad paraestatal representó un salto cuántico, respecto a la posición que ocupaban antes de ser designados.

Desde entonces, el presidente en turno ha nombrado, en muchos casos, como secretarios de Estado o como directores de entidades paraestatales, a individuos que no solo tienen una mínima o nula experiencia en el ámbito de su encomienda, sino que además ocupaban posiciones muy distantes en términos de responsabilidad. En otras palabras, han sido designaciones de alto riesgo en cuanto a sus posibilidades de éxito, que a la postre se han traducido en renuncias prematuras, rotación y costosas curvas de (lento) aprendizaje.

Desde la perspectiva de gestión de talento, el riesgo de nombrar a una persona para que ocupe un puesto ejecutivo está asociado, en gran medida, a dos factores: a) la compatibilidad funcional que exista entre su cargo anterior y el propuesto y, b) la diferencia que haya en la dimensión de estos puestos en términos de su responsabilidad.

Por ejemplo, proponer como Secretario de Hacienda a una persona que se ha desempeñado como Director de Adquisiciones de la Secretaría de Salud puede resultar más riesgoso que optar por el Subsecretario de Economía. Pero, si la propuesta para ocupar ese cargo fuera un presidente municipal, el riesgo sería infinitamente superior.

Desde esta perspectiva se pueden analizar los diecisiete secretarios y a los tres directores de entidades paraestatales que ha designado López Obrador, ordenándolos de menor a mayor, según el riesgo que representa su nombramiento.

Con algún tipo de experiencia en la Administración Pública Federal:

  • Solamente tres individuos: Villalobos/SAGARPA, Moctezuma/Edu. y Jiménez/SCT se han desempeñado en un mando superior en la APF. Incluso el segundo ya ha sido secretario.
  • Ebrad/Rel., Torruco/Tur. y Ursúa/SHCP se desempeñaron como jefe y secretarios en el gobierno de la Ciudad de México. Sin embargo, el primero no tiene experiencia en el ámbito diplomático como se pudo observar en la reciente carta que López le envió a Trump.
  • Durazo/Seg. y Frausto/Cult. han trabajado en la APF a nivel de staff y mando medio. Aunque las credenciales del primero para hacerse cargo de una nueva secretaría de Seguridad Pública no quedan claras.

Sin experiencia en la administración pública:

  • Sandoval/SFP, Márquez/Eco y Alcocer/Salud son investigadores y aunque conocen a profundidad algunos temas relacionados con la secretaría para la cual han sido nominados, ninguno tiene experiencia en el desempeño de un puesto ejecutivo de primer nivel donde hayan sido responsables de la gestión de recursos humanos, financieros y materiales, así como del diseño y ejecución de planes y programas. Menos aún, se han desenvuelto en los marcos normativo, laboral, presupuestal de la Administración Pública Federal y en el ambiente político propio de los altos cargos. Una cosa es trabajar en un cubículo, otra, muy distinta, es despachar como titular de una secretaría. La distancia es abismal.
  • Las observaciones anteriores son también aplicables a Sánchez Cordero, exministra de la Suprema Corte de Justicia nominada para Gobernación. En su empleo anterior sus decisiones tuvieron un carácter colegiado. Es decir, ejerció una responsabilidad compartida, no individual, como sí ocurre con un secretario de Estado. Vale destacar que, si en los próximos seis años faltara el presidente, ella asumiría temporalmente, y en un momento crítico, la Jefatura del Poder Ejecutivo. Considero que dada su trayectoria, edad y salud haría un mejor papel como consejera jurídica de la Presidencia, que ponerse al frente de la dependencia que es el centro neurálgico de la vida política del País, lo que demanda a su titular una dedicación de tiempo completo y un largo colmillo.
  • Nahle/Energía y Alcalde/STPS provienen de la Cámara de Diputados. La primera desempeñó en su juventud roles operativos en algunas plantas petroquímicas de Pemex. Pero su carrera se concentra en el ámbito legislativo, donde se ha relacionado con temas del sector energético. Para la segunda, el cargo de secretaria de Trabajo y Previsión Social será apenas, a sus treinta años, su segundo o tercer empleo formal, después de haber sido diputada plurinominal. ¿Es esto serio?
  • González Ortiz/Semarnat y Albores/SEDESOL colaboran en pequeñas organizaciones sociales que de alguna manera están relacionadas con la ecología y el desarrollo social.
  • Por último, la nominación de Román Meyer/SEDATU es difícil de valorar, por lo escueto de su currículo y porque, en apariencia, nunca se ha desempeñado en un puesto dentro de algún tipo de organización. Incluso no queda claro si en este momento tiene un empleo remunerado.

Sin experiencia en el sector paraestatal:

  • PEMEX y CFE son dos de las empresas más grandes de México con una problemática muy compleja en todos los ámbitos: laboral, tecnológico, financiero, operativo y de mercado, lo que demanda que al frente de ellas estén administradores de primer nivel con probada experiencia en la gestión de empresas de gran envergadura. Sin embargo, se ha propuesto como sus sendos directores generales a Romero y Bartlett cuyo perfil, formación y experiencia profesional están años luz de los requerimientos de esos puestos. Si hubiera un proceso de búsqueda para estas posiciones a cargo de una empresa especializada en reclutar ejecutivos, difícilmente se les consideraría como candidatos, aun en la lista larga. Como también sería el caso de Martínez Cáceres a quien se propuso como director del IMSS.

De lo anterior se deduce que, si los miembros del gabinete de López Obrador hubieran entrado por la puerta de Recursos Humanos de las sendas secretarías que van a encabezar, una buena parte de ellos difícilmente hubiera logrado más que una dirección general. Esto no quiere decir que algunos no tengan aptitudes, conocimientos y desde luego valía y méritos profesionales, lo que deseo señalar es la gran distancia que existe entre su perfil y los requerimientos del puesto que van a ocupar, lo que en muchos casos implica que su designación sea de alto riesgo para ellos y para el gobierno donde servirán como funcionarios.

Tan cierto es que nombrar al gabinete sin darle explicaciones a nadie es prerrogativa del presidente, como el abuso que se ha hecho de esta. Los gabinetes han sido carruseles donde han pasado desde servidores públicos ejemplares, eficaces y de probada honestidad, incluso un Premio Nóbel, hasta amiguetes, parientes, recomendados, farsantes e improvisados que dejaron como herencia errores inauditos y costosos, sino es que el saqueo de la hacienda pública con la complicidad o tolerancia de quien los designó.

Esto debe recogerse como una lección y no como argumento para justificar el nombramiento de personas que no reúnen los requisitos mínimos para ocupar los puestos clave de la Administración Pública Federal. Decir que ayer se hizo lo mismo que ahora se critica es una justificación cínica que nos condena a la mediocridad. No se trata de repetir el pasado sino de construir un porvenir distinto con estándares más altos. ¿No fue esta la promesa?

Estamos por iniciar una nueva travesía sexenal, la ciudadanía está cansada de hacerlo con tripulaciones variopintas en su capacidad profesional, compromiso social y honestidad, porque ella conoce los riesgos y sabe que por su cuenta corren los costos de las pifias y del eventual naufragio. Bien valdría que López Obrador revise de nuevo y a detalle su lista de nominados. México dispone de una reserva de talento donde podrá encontrar mejores opciones. El presidente pone los nombres, pero el pueblo es dueño de las sillas, del resto de los muebles y de la casa entera. Y, como él dice, el pueblo es sabio, tanto como para opinar y saber quien le conviene que se siente en ellas.

 

 

 

*Es importante destacar, que Fox impulsó en 2003 la creación del Servicio Profesional de Carrera para que, aun dándose la alternancia política en el Poder Ejecutivo, hubiera en su estructura a partir del nivel de director general, un grupo de servidores públicos que, por un lado, tuviera la garantía de permanecer en sus puestos en virtud de sus capacidades y desempeño, sin depender de su filiación política y que, por el otro, sirviera para conservar las experiencia, el aprendizaje y la memoria en el quehacer público.

Retiros que llegan, pensiones que no alcanzan

Pensiones que no alcanzanLos viernes de cada semana cuatro hombres jubilados solían encontrarse en un pequeño restaurante de un barrio clasemediero. Sin embargo, sólo uno de ellos lo hacía en calidad de cliente. Los otros eran el dueño del lugar, el mesero y el garrotero, quién además hacia funciones de lavaplatos, pinche y ayudaba con la limpieza el fin de semana lo cual le permitía incrementar la paga, a la vez que le daba el derecho a comer y cenar gratis.

A fuerza de verse con regularidad, se fue desarrollando entre ellos cierta camaradería, aunque ésta se limitaba al intercambio de opiniones generales y, ocasionalmente, de alguna broma. Rara vez, hablaban de sus vidas, aunque por chismes de aquí y de allá, cada uno conocía o suponía conocer la de los demás.

Ese viernes el señor ministro, como respetuosamente le llamaban, arribó como siempre en punto de las dos de la tarde. Su chofer lo dejó justo en la puerta del restaurant entró parsimoniosamente y se dirigió a la mesa que siempre tenía reservada; su favorita como la solía llamar. Su talante era tranquilo y sus preocupaciones se limitaban a cuestiones domésticas o a decidir adónde iría de paseo. Sus quince años como ministro de la Suprema Corte de Justicia le habían bastado para obtener una pensión vitalicia equivalente al 100% de su sueldo durante los primeros dos años y al 80% de ahí hasta que muriera.  Después, su viuda, si la hubiera, tendría derecho a disfrutar de la mitad.

Señor ministro, usted sí que es afortunado ─ le decía bromeando el dueño del lugar ─ ya quisiera haber trabajado quince años para que me jubilaran con un sueldo superior al que percibe el Presidente de la República y que además se ajusta cada vez que se revisa el tabulador de la Corte.

Yo no decidí esto, así está en la ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación ─ le respondía su cliente habitual ─ además que no se haga usted el olvidadizo, porque como empleado del IMSS, usted se jubiló con más del cien por ciento de sueldo y con solo treinta de servicio sin ningún límite de edad. ¿Qué no me dijo que ni siquiera había cumplido los cincuenta cuando se retiró? Así, que no importa cómo le vaya en el negocio, usted siempre tendrá un colchón más atención médica gratis hasta que muera.

El garrotero los observaba sin decir nada mientras acomodaba los platos y cubiertos sobre la mesa, aunque la expresión en su cara evidenciaba que además de estar escuchando con atención, estaba sorprendido por lo que ahí se comentaba. Pero, en cambio el mesero que se había acercado para entregar el menú, no se aguantó las ganas de intervenir.

¿Qué daría yo por tener como jubilado la mitad de lo que ustedes disfrutan? ─ les dijo en un tono tan burlón que ambos quedaron sorprendidos. Pero más el señor ministro, cuando remató su comentario con una clara alusión a él ─  aunque gracias a Dios el IMSS no aceptó el criterio que usted y sus colegas acordaron para limitar nuestras pensiones a sólo diez salarios mínimos, así que al menos tenemos veinticinco, aunque para ello tuve que esperar a cumplir sesenta y cinco años, lo que considerando que inicié mi vida laboral a los veinte, implica que tuve que trabajar 45, si señor ministro tres veces el tiempo que usted estuvo en la Corte, para recibir menos del 25% de lo que erario Federal le da cada mes.

El ministro miraba sorprendido al mesero. Yo actué con base en la autoridad legal que tenía en ese momento ─ respondió en tono de disculpa. Pero de poco le sirvió porque la respuesta del mesero no se hizo esperar ─. No lo dudo señor ministro pero la autoridad legal no implica en automático la moral.

El ministro visiblemente molesto quiso responderle, pero justo cuando lo iba a hacer intervino el garrotero.

Date por bien servido ─ le dijo al mesero para apaciguarlo ─ los de la generación del SAR estamos peor que tú y por eso tengo que estar mendigando trabajos, porque cuando cumplí los sesenta y cinco, y pese a trabajar más de treinta años, me di cuenta que el saldo de mi AFORE no me produce ni cuatro salarios mínimos. Allá en 92, la tecnocracia dijo que las pensiones – salvo claro las del IMSS y algunas paraestatales – ya no serían un problema para las finanzas públicas, pero no nos advirtió que México se convertiría en una fábrica de viejos miserables sin cobertura médica.

¿Qué le hacemos son las leyes? Nosotros sólo las aplicamos─ dijo el señor ministro.

Así es – respondió el garrotero ─ frente a la ley todos los mexicanos somos iguales, pero sí de pensiones hablamos las leyes no son iguales para todos. O ¿me equivoco?

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*El cálculo de la pensión bruta anual de la exministra Sánchez Cordero equivale al 80% de lo que actualmente recibe un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por concepto sueldo, aguinaldo y prima vacacional según el Manual que regula las remuneraciones de los servidores públicos del Poder Judicial de la Federación para el ejercicio fiscal dos mil dieciocho, publicado en el Diario Oficial el 27 de febrero de 2018. No incluye, la monetización de las prestaciones que no son pagadas en efectivo como seguro de vida y gastos médicos. También se desconoce si los ministros en retiro tienen derecho a la prima de riesgo anual que equivalen a $554,595 anuales.

El cálculo de las pensiones que posiblemente reciban quienes empezaron a cotizar después de 1993 se basa en lo que estiman actuarios dedicados a este tema.

El texto de este artículo se publicó en El Financiero el 21 de octubre de 2010. En esta reproducción se conservaron las reglas de acentuación vigentes en ese momento.

Quien no se ha quemado, no le teme al fuego

niño fuego

Hace tiempo me preguntaron, si consideraba que los millenials, definidos como aquellos que alcanzaron la mayoría de edad en este siglo, determinarían los resultados de las elecciones.

Mi respuesta inicial fue que también deberíamos considerar el envejecimiento de la población. Por ejemplo, el promedio de los mayores de edad pasó de 37.5 en 1994 a 41.4 años en 2018. Lo que, en principio, haría suponer que se trata de un universo de votantes más maduro con una carga de experiencia a cuestas, que quizá lo haga más adverso a los riesgos inherentes de las propuestas que impliquen cambios drásticos. Actitud contraria a la que, con seguridad, prevalece en los segmentos de votantes más jóvenes para quienes todo es nuevo, mientras que su conocimiento de lo que haya ocurrido en el pasado es probable que se limite a anécdotas contadas por sus padres.

Pero el dato de un elector promedio es demasiado grueso para sacar conclusiones, por lo que me pareció útil clasificar a los votantes potenciales por rangos de edad. Para ello, los agrupé según el sexenio cuando alcanzaron la mayoría de edad. Esto lo represento en la siguiente gráfica, donde a usted le será fácil ubicarse y conocer el peso relativo que cada grupo tiene en el total.

Población mayor de 18 años agrupada según el sexenio cuando alcanzaron la mayoría de edad*Población en edad de votar agrupada por sexenio 2

Como se observa, quienes alcanzaron la mayoría de edad después del 2000, representan el 43% del electorado potencial. Cierto que es un porcentaje importante, además de que los jóvenes suelen acudir a votar en una proporción más alta que el resto. Pero, no es mayoritario, incluso ha ido disminuyendo su peso, porque al envejecer la población, la pirámide de edades se ha alargado y perdido anchura en su base.

Por otro lado, etiquetar como millenials a personas cuya edad varía entre 18 y 36 años, no parece un punto de partida sólido para comprender e inferir sus preferencias electorales, si consideramos las diferencias que, entre esos extremos, puede tener un ser humano en cuanto a madurez y circunstancias de vida. El carácter reduccionista de las etiquetas a menudo no ayuda a entender la realidad.

Sin embargo, con base en este agrupamiento de la población, nos podríamos preguntar: ¿Cómo afectarían las preferencias electorales de cada grupo, los escenarios económicos y políticos por los que han atravesado a lo largo de su vida? Para lo cual añadí a la gráfica anterior, el incremento promedio del PIB per cápita en cada sexenio, lo que se representa con la línea roja.

Población mayor de 18 años agrupada según el sexenio cuando alcanzaron la mayoría de edad y promedio sexenal del PIB per cápita**Población en edad de votar agrupada por sexenio y PIB per capita 2

La simple observación de la gráfica permite dividir la población mayor de dieciocho años en dos grandes grupos: Los que alcanzaron la mayoría de edad antes de 1988 y aquellos que lo hicieron después.

Quienes estamos en el primer grupo, fuimos afortunados al poder empezar nuestra carrera laboral en una situación económica que ofrecía muchas posibilidades para encontrar empleo y avanzar profesionalmente. El PIB per cápita crecía de manera robusta, pese a que las facturas pendientes del desarrollo estabilizador, que por decreto fijó el tipo cambiario, y los precios de hidrocarburos, energía eléctrica y azúcar, empezaban a hacerse presentes, porque esa inmovilidad se sostenía de una creciente deuda externa contratada con organismos internacionales, como el Banco Mundial.

Finalmente, ante el crónico deterioro financiero de las empresas paraestatales que provocó el congelamiento de sus precios, aunado a un gasto público descontrolado por arrebatos populistas, los organismos internacionales condicionaron los nuevos créditos a la actualización de los precios de la electricidad y la gasolina, lo que incrementó la inflación de manera importante hasta que fue inevitable, después de veintidós años con la misma paridad, devaluar el peso y recurrir en 1976 al auxilio del Fondo Monetario Internacional con sus pesadas condiciones.

Pero, volvimos a ser afortunados, porque apareció el salvavidas del petróleo. En efecto, el embargo petrolero árabe ocurrido en 1973 como represalia a la guerra del Yom Kippur en el Medio Oriente, produjo un incremento sustancial en el precio de los hidrocarburos, que rentabilizó la explotación de muchos yacimientos en el mundo. Así, los trabajos de exploración que se iniciaron en el sexenio de Echeverría cuajaron en el siguiente, por lo que, durante el mandato de su sucesor, López Portillo, nos convertimos en uno de los principales exportadores de petróleo.

El petróleo, lejos de refrenar nuestro apetito por la deuda, lo estimuló. El excedente petrolero, como se denominó a ese ingreso inesperado, sirvió para justificar la ejecución de cantidad de proyectos e iniciativas que surgían por doquier. Pero, lo más delicado, fue asumir que, al menos por un tiempo, no decrecería y que podríamos endeudarnos más con el exterior, como también pensaban los banqueros internacionales que con insistencia nos ofrecían los recursos reciclados de la bonanza petrolera en los países árabes.

Pero un precio alto del petróleo sirvió de imán para atraer a nuevos productores, como Gran Bretaña y Noruega. A mayor oferta, los precios empezaron a descender y con ello nuestros ingresos. En paralelo, la Reserva Federal de los Estados Unidos inició, como medida antiinflacionaria, una escalada de la tasa de interés, que poco a poco encareció el servicio de la deuda que tan alegremente habíamos contratado.

Así, como si fueran las dos quijadas de una pinza: el descenso en el precio del petróleo y el incremento en las tasas de interés terminaron ahorcándonos y, otra vez, tuvimos que someternos al Fondo Monetario Internacional para poder salir del hoyo.

Lo que siguió, como se observa en la gráfica, fue que durante el sexenio siguiente 1983-1988, el País experimentó un retroceso importante. Una inflación elevada consumía ingresos y ahorros en cuestión de meses, mientras que el disparo del tipo cambiario y la tasa de interés llevaron a muchas empresas y familias a la bancarrota. La renegociación de la deuda externa con todas las ataduras que lleva consigo, se convirtió en una tarea recurrente con tal de asegurar que pudiéramos sacar el cuello del agua, al menos por un tiempo.

Aunque en el siguiente sexenio 1988-1994 la situación mejoró relativamente en un principio, al final, cuando el capital golondrino que había servido para financiar el déficit en cuenta corriente decidió emigrar a otras latitudes, volvimos a caer en una crisis profunda que otra vez significó pérdidas patrimoniales importantes para empresas y familias, y ajustes severos que afectaron en mayor medida a los grupos más vulnerables.

Quiénes vivimos esa etapa de casi treinta años de crisis recurrentes, sabemos que el populismo es un relámpago que deslumbra a las masas; las seduce ofreciéndoles atajos, cuando en realidad lo que hace es dinamitar su futuro, porque compromete recursos que no se tienen. Por ello, preocupa volver a escuchar las mismas cantaletas que antaño fueron el presagio de inevitables caídas y saltos hacia atrás. Más aún, porque en años recientes, ya se ha dado una especie de populismo de bajo perfil, que ha ido comprometiendo partidas presupuestales en aras de cultivar clientelas, sin considerar que algunos programas, como el de adultos mayores, son de facto una deuda pública contingente que debería valorarse como un plan de pensiones. Igualmente, no se cuenta con una evaluación sistemática y periódica que permita medir la eficacia de dichos programas, en cuanto a logro de los objetivos que supuestamente les dieron origen. Una vez creados se asimilan en el modus operandi del gobierno y, en la población, se asumen como derechos adquiridos y siempre revisables al alza. Incluso, como lo vemos en la campaña, esto lo prometen los candidatos.

Pero, la justificación que tenemos los mayores para repudiar al populismo por haber vivido sus consecuencias también debe servirnos para entender que las acciones y políticas que se adoptaron para enderezar el camino, no han sido suficientes para relanzar el crecimiento del País. Por el contrario, el PIB per cápita, como se aprecia en la gráfica, ha tenido desde el 2000 un aumento orgánico, menor al 1% anual. Es decir, producimos más, porque somos más y punto. No crecemos por innovación, ni por aumentos sensibles en nuestra productividad.

Las consecuencias de este magro crecimiento se observan en muchas familias mexicanas cuyos hijos no pueden siquiera tener el mismo nivel de vida de sus padres e, incluso, se emancipan a edades más tardías que estos. Este deterioro generacional significa que, en términos de desarrollo, estamos bajando, por lo menos, un escalón.

Quienes alcanzaron la mayoría de edad después de 1994, su vida laboral ha transcurrido en un escenario económico mediocre, pese a que en muchos ámbitos de la vida del País se han dado cambios profundos. Muchos de los cuales no acaban de madurar, en buena parte, por la fragilidad de nuestras instituciones frente al poder real que logran ejercer, en la práctica, nuestros temporales servidores públicos en los tres poderes y en los tres órdenes de gobierno.

La propuesta del cambio, por vaga que sea, seduce. Ya pasó con Fox. Quienes mejor la venden son aquellos que nunca o hacen mucho tuvieron una responsabilidad. Más ante los jóvenes que eran niños cuando personas como López Obrador, ejercía de jefe de Gobierno, y que no habían nacido cuando los estragos del populismo, la economía subsidiada y la dependencia del endeudamiento nos sumergieron en crisis periódicas de las que costó mucho trabajo salir.

No es la nostalgia por regresar a un pasado irrepetible y, a la distancia idealizado, lo que debe servir para orientar el quehacer nacional, sino el atrevimiento a plantear un proyecto que aprenda las lecciones de nuestros errores y aciertos, capitalice lo que hasta ahora hemos avanzado y tenga como objetivo que todos los mexicanos disfruten a plenitud de sus capacidades físicas e intelectuales.

La experiencia nos hace cautos. Pero esta solo la recuerdan aquellos que la han sufrido. Quien no se ha quemado, no le teme al fuego. Paradójica situación en las que nos encontramos; lo que unos pensamos como un regreso al pasado, otros lo ven como un paso al porvenir.

* Consejo Nacional de Población. Para facilitar la comparación, los agrupamientos sexenales se hicieron de acuerdo con cifras anuales exactas, aunque la fecha de inicio y terminación de cada sexenio sea el primero de enero  y treinta de noviembre respectivamente de cada seis años. Se excluyó de la gráfica al grupo que alcanzó la mayoría de edad antes de 1964 y que equivale al 5.8% de la mayores de 18 años.

** La cifras del PIB per cápita se obtuvieron de la base de datos del Banco Mundial

 

Los diez lemas del político efectivo

 

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Un traidor es un hombre que dejó su partido su partido para inscribirse en otro. Un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro. Georges Benjamin Clemenceau (1849-1929) 

Las nominaciones de candidatos a ocupar distintos cargos de elección popular hacen evidente que la partidocracia, en su proceso de degradación, ha vaciado a los partidos políticos de principios y contenido ideológico. Hoy, cual sistema de franquicias, lucen como meras maquinarias electorales dotadas de abundantes recursos del erario, que son dirigidas y usadas por individuos cuya principal convicción es la búsqueda del poder público para servirse de él.

Antes, al solo escuchar el nombre de un partido de inmediato lo asociábamos a una orientación ideológica; los términos derecha, izquierda o centro tenían un sentido. Lo mismo pasaba con los políticos, cuyas convicciones manifiestas hacían difícil imaginarlos militando en otro partido o planteando alianzas con aquellos situados en el extremo opuesto a su ideario.

Hoy, partidos y políticos exhiben una mutabilidad tan acelerada que hace imposible ubicarlos en una dimensión ideológica. Las alianzas más descabelladas, que en otras naciones serían inauditas, en México se establecen sin el menor recato, sin siquiera recurrir a los partidarios para pedirles opinión, asumiéndolos como hatos de idiotas que dóciles obedecerán tan pronto escuchen el chiflido de sus dirigentes indicándoles adónde ir. Mientras que, en lo individual, como si fueran jugadores de fútbol en decadencia, los políticos recorren con cinismo cualquier cantidad de partidos, con tal de ponerse debajo de una candileja por pequeña que sea y de asirse de alguna teta presupuestal.

Todo esto ha depauperado el debate político a un extremo hilarante, sobre todo, por lo que vemos y escuchamos. Pero no hablamos, ni confrontamos proyectos nacionales que propongan cómo salir del atasco y resolver los graves problemas del País. Hablamos de personas. Las valoraciones de políticos están centradas en las antipatías y simpatías que generan, en sus dichos y hechos, en sus relaciones personales, en sus meteduras de pata, en sus contradicciones, en su físico y en sus ocurrencias, cuya lista crece en la medida que se preparan para sus sendas campañas.

En este escenario, la observación de quienes hoy se inscriben como candidatos para participar en las elecciones, que desde un ángulo sarcástico podríamos definir como políticos efectivos, me lleva reflexionar sobre cuáles han podido ser los lemas que a este elenco de notables, les ha permitido a sortear tantos obstáculos a largo de su carrera, ya sea corta, larga o en zig-zag, y llegar a su actual posición, desde la cual se proponen como los salvadores de la patria y nos prometen la pronta solución a todos sus agobios.

De mi análisis identifico un decálogo de lemas que asumo los han inspirado:

  1. La memoria empieza a partir del presente.
  2. La duración de una amistad dependerá de la conveniencia.
  3. La traición es lo que hacen otros; uno sólo sigue sus instintos.
  4. El cinismo es poderoso escudo para superar las críticas.
  5. La voracidad aísla, crea enemistades y descubre la retaguardia; cuando se roba hay que compartir.
  6. La miopía y la omisión son elegantes formas de complicidad.
  7. La ambigüedad demuestra agudeza mental.
  8. Los principios son mudables y, sobre todo, teñibles del color que más convenga.
  9. La humildad es ardid electorero para acceder al poder; conseguido este se estará por encima de los demás.
  10. Como Dios en el Génesis; antes de uno todo era caos.

 

Para la Suprema Corte (2+2=5) puede ser constitucional

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Imaginen que seleccionamos a nueve estudiantes de secundaria para que, en veinte minutos, encuentren las razones que explican porque la tarifa del impuesto predial establecida en el Artículo 130 del Código Fiscal de 2017 de la Ciudad de México provocó, con respecto al año anterior, incrementos en el predial sensiblemente superiores al 3.99%, que fue el porcentaje fijado por la Ley de Ingresos para aumentar las cuotas y contribuciones.

Probablemente, la mayoría de ellos identificaría los dos errores que explican dichas diferencias: 1) Las columnas de los rangos que sirven para clasificar a los inmuebles según su valor catastral no se incrementaron en 3.99% y, 2) Las tasas aplicables a las diferencias entre el valor catastral de los inmuebles y el valor inferior de cada rango se aumentaron, erróneamente, en 3.99%

Pero, en apenas veinte minutos, siete de nueve ministros de la Suprema Corte de Justicia resolvieron que, pese a su obviedad aritmética, no había tales errores. Salvo la ministra Norma Lucía Piña que sí los señaló, aunque sus argumentos no tuvieron ninguna trascendencia en una sesión apática, sin casi intervenciones, que pareció un mero trámite para sellar un asunto planchado con antelación.

En efecto, después de once meses desde que se presentó la Acción de Inconstitucionalidad relativa a varios artículos del Código Fiscal, el ministro Pardo Rebolledo propuso al Pleno celebrado 28 de noviembre, un proyecto que, además de ignorar los errores mencionados, también argumentó a favor de la retroactividad del nuevo factor de descuento por antigüedad de las edificaciones que pasó de 1% a solo 0.8% anual, porcentaje que misteriosa y espontáneamente se modificó respecto al proyecto enviado por el jefe de Gobierno en diciembre de 2016, sin que en la Asamblea hubiera mediado algún debate al respecto.

El efecto combinado de los errores en la tarifa y la retroactividad en el nuevo factor de descuento, hicieron que el impuesto predial de miles de capitalinos se incrementara entre 9% y, en casos extremos, más 1,000% como sucedió principalmente con contribuyentes que, por considerarse población vulnerable, gozaban antes de cuota fija.

Dichos aumentos, muy lejanos del 3.99% aprobado en la Ley de Ingresos de 2017, explican porque al mes de junio, la recaudación por este impuesto creció 13.8% con respecto al año anterior y que incluso haya sido 11.3% superior al monto presupuestado para ese período.

Quienes estuvimos atentos a este asunto pensamos en algún momento con cierto optimismo, sino es que ingenuamente, que al ser tan evidentes los errores en el Código Fiscal y fácil su comprobación, esto sería suficiente para que la Suprema Corte declarará procedente la Acción de Inconstitucionalidad que llevaría a corregirlos y a resarcir a los causantes. Nos equivocamos estrepitosamente. Quizá la justicia sea ciega, pero probablemente no sea sorda.

Si la Acción de Inconstitucionalidad hubiera prosperado, Mancera habría sufrido un grave descalabro político en un momento harto inoportuno para él; justo en el albor del proceso electoral.

¿Por qué?

1.- Porque la Acción de Inconstitucionalidad la planteó el partido MORENA con el apoyo del Verde y, por ende, si esta prosperaba sería para el primero un triunfo importante que de inmediato capitalizaría políticamente en su carrera para hacerse del gobierno de la Ciudad.

Cabe aclarar al lector, que el suscrito no es miembro, ni simpatizante de dichos partidos y de ninguno otro, pero debo reconocer que en el asunto del predial de la Ciudad de México fueron los únicos que se hicieron eco de los reclamos de los ciudadanos, mientras que el PAN, a pesar de escucharlos y conocer a detalle toda la evidencia numérica, dado que preside la Comisión de Hacienda de la Asamblea Legislativa, decidió cínicamente jugar el papel de comparsa del PRD.

2.- Porque si la Suprema Corte resolvía a favor de la Acción, se haría evidente la ineptitud del equipo cercano de Mancera o sus estrategias tramposas para tomar del bolsillo del ciudadano más recursos de lo autorizado por la Ley de Ingresos. Peor aún, hubieran tenido que devolver o, al menos, bonificar en 2018 los montos cobrados en exceso. Hecho nada oportuno a la luz de los constantes lloriqueos del jefe de Gobierno respecto a la falta de apoyo financiero por parte del Gobierno Federal.

3.- Porque al mismo tiempo que ocurrió el predialazo, Mancera ordenó al consejero jurídico de su gobierno, que promoviera, usando su cargo y los recursos de la Ciudad, amparos en contra del gasolinazo, es decir contra una acción del Gobierno Federal que a la postre, salvo para hacerse propaganda, resultaron inútiles, por lo que de haber salido adelante la Acción de Inconstitucionalidad hubiera hecho un ridículo monumental.

4.- Porque habría sido un triunfo para quienes han levantado la voz para denunciar que los incrementos abusivos del predial se usan como punta de lanza, para desplazar a población de bajos recursos de zonas donde más adelante se construye vivienda para grupos de ingresos medios y altos.

Queda para el cotilleo especular si Mancera cruzó la avenida Pino Suárez para apersonarse en la Suprema Corte de Corte de Justicia y, más aún, sobre cuales podrían haber sido los argumentos que puso sobre la mesa para hacer valer su posición. Pero lo que recién hemos sabido es que, en los hechos, el jefe de Gobierno ha reconocido el error que cometió el año pasado al elaborar la tarifa del Impuesto Predial, porque ahora sí, en el Artículo 130 del Código Fiscal de 2018, se aumentan en 5.5%, que es el porcentaje de incremento propuesto, solo los rangos y la cuota fija de la tarifa del predial, que fue justo lo que organizaciones ciudadanas como Suma Urbana, reclamaron y expusieron a  diputados de la Asamblea Legislativa y a los ministros de la Suprema Corte.

Desde luego que este reconocimiento tácito de lo que se hizo mal, no les devuelve a cientos de miles de ciudadanos el dinero que, al amparo de un error burdo avalado por la Suprema Corte de Justicia, pagaron de más al erario capitalino y, menos aún, nos alienta a pensar que esta sea una especie de oasis en el paramo político en el que está sumido el País.

Ciudad de México; cada vez menos, pero más amontonados

Población de la Ciudad de México 1990 a 2030

—A ver, repítelo despacio porque no te creo nada.

—Qué desde 2005 la población de la Ciudad de México se está reduciendo. Cada vez somos menos.

—No entiendo; tú me dices que la Ciudad se está vaciando, y yo siento, apenas salgo a la calle, que se está llenando.

—Mira la gráfica con calma para que te convenzas: la población en 2015 fue casi la misma de 1995. Y seguirá bajando; en 2025 será incluso menor a la de 1990 y, para 2030, estará por debajo de la que había en 1980

—¿Qué está pasando?

—Es la suma de dos fenómenos: un flujo migratorio crónicamente negativo y un crecimiento natural de la población cada vez más bajo.

—Explícalo en términos sencillos; no como economista.

—Desde hace muchos años, el número de personas que emigran de la Ciudad México supera a los que inmigran, pero el crecimiento natural de la población, nacimientos menos fallecimientos, compensaba con creces esa salida, aunque cada vez en una menor proporción.

—¿Por qué dices en una menor proporción?

—Porque la tasa de crecimiento natural de la población de la Ciudad de México es decreciente; en 1990 era de 1.71%, mientras que en 2017 será de 0.72%, es decir menos de la mitad de lo que crecía antes. Por eso, a partir de 2005 el aumento natural de la población ya no compensa el saldo negativo del flujo migratorio. Esto lo ves claro en la siguiente gráfica:

Crecimiento de la Población de la Ciudad de México 1990 a 2030

—¿Qué edad tienen los que emigran?

—Una tercera parte son menores de edad, lo que hace muy probable que emigren junto con su familia. Pero el 80% de los emigrantes tiene menos de 42 años.

—¿Qué implica esto?

—Que se acentuará el envejecimiento de la población de la Ciudad de México porque se van los más jóvenes y, en especial, mujeres en edad reproductiva. En 2017 el promedio de edad en la Capital será de 35 años, uno de los más altos del País.

—Bueno, pero quizá los que emigran no se van del todo, porque solo se mudan a algún municipio del Estado de México o de Hidalgo, por lo que permanecen en el Área Metropolitana.

—Cierto, pero no todos. Muchos emigran a otros Estados incluso fuera del País. Aunque lo importante de tu comentario es que, para fines urbanísticos, esa mudanza entre entidades explica porque se ha extendido la mancha urbana del Área Metropolitana del Valle de México.

—¿Por qué se van de la Ciudad de México?

—Si hablamos de los que emigran a entidades no colindantes, quizá el factor más importante es que a partir de los noventa, la Ciudad de México empezó a perder su carácter industrial, ya sea porque muchas empresas cerraron al entrar en vigor el TLC, mientras que otras, como las automotrices, se mudaron a otros estados.  Hoy, poco más del 20% de la actividad económica de la capital se debe a la presencia de corporativos, en especial los del sector financiero, y a que en ella se asientan los tres poderes de la Unión, mientras que el sector manufacturero y el de la construcción apenas representaron en 2014 el 7.1 y el 3.2% respectivamente del PIB capitalino.

—¿Por qué si la población se reduce, tenemos la impresión de que hay más gente y vehículos?

—Por cuatro razones:

La primera, porque la Ciudad de México es la entidad federativa con más alta densidad de población; 5,800 habitantes por km² contra 724 del Estado de México que ocupa el segundo lugar y contra 10 de Baja California Sur que se ubica en el último.

La segunda, porque dentro de la concentración, hay aún más concentración; la densidad de población de delegaciones como: Azcapotzalco, Venustiano Carranza, Gustavo A. Madero, Benito Juárez, Iztapalapa y Cuauhtémoc superan en dos y tres veces al promedio de la Ciudad. Por ejemplo, las dos últimas pasan de 16,000 habitantes por km².

La tercera, porque en días laborables hay una población flotante de casi dos millones de personas, equivalente al 25% de la población de la Ciudad de México, que provienen de otros Estados y que en gran parte trabajan en las demarcaciones de mayor densidad. Además de que cientos de miles de ellos ingresan a la Capital en su vehículo particular.

Por último, el transporte público es pésimo lo que estimula el uso del automóvil; si antaño había un auto por familia, ahora en muchas familias cada miembro adulto tiene uno. A esto suma que las calles y avenidas resultan insuficientes para que en ellas circulen o se estacionen una número creciente de vehículos y, por último, la organización del tráfico es deficiente, amén de la corrupción que lo hace más caótico.

—O sea, que cada día la Ciudad de México recibe millones de personas que demandan espacio para circular, estacionamiento, servicios públicos, producen basura y además contaminan, pero que no contribuyen fiscalmente a sufragarlos. Incluso deben ser miles los que disfrutan del subsidio al Metro.

—Quizá, si son asalariados, las empresas donde trabajan paguen el impuesto de 2% sobre la nómina, más la actividad económica que generen sus gastos en la Capital. Pero los demás dejan poco.

—¿Cómo explicar el boom inmobiliario si cada vez hay menos habitantes?, ¿quiénes compran los departamentos?

—Creo que el término boom inmobiliario no representa la realidad. Más que boom lo que se ha dado en la Capital son burbujas inmobiliarias en áreas específicas que han sido seleccionadas por los desarrolladores por su potencial comercial, con el consentimiento y apoyo del Gobierno, para atender la demanda de segmentos de mercado que cuentan con recursos para adquirir un inmueble o contraer una hipoteca. En contraste, hay zonas de la Ciudad, en especial donde se asientan los grupos de menores ingresos, en las que no hay ni boom, ni burbuja sino el tradicional abandono.

—¿Han contribuido estas burbujas al caos urbano?

—El meollo del problema es que el móvil de las burbujas es generar la máxima ganancia en el menor tiempo posible; no el desarrollo urbano. Esto implica enfocarse en zonas con potencial, adquirir terrenos y  venderlos tantas veces como pisos se construyan sobre ellos. Así, se autorizan torres sin considerar sus implicaciones en el suministro de servicios, en el tráfico vehicular y, menos aún, en la densidad de población existente la zona. El desarrollador maximiza sus ganancias y los vecinos resienten, y seguirán resintiendo, los efectos negativos que ese negocio provocó. El desarrollador se larga escondido cobardemente detrás de un entramado de sociedades y fideicomisos efímeros, los vecinos se quedan, la pagan y son lo que dan cara para defenderse.

—Pero el Gobierno de la Ciudad repite como mantra “Ciudad compacta” para justificar la construcción de edificios. Ya ves, como la Ley de Reconstrucción se propuso incrementar la altura permitida en aquellos edificios que se reconstruyan.

—Es un argumento engañoso de un discurso que delata la complicidad entre Gobierno y desarrolladores. Resulta estúpido usar el término “Ciudad compacta” para justificar la construcción de torres en delegaciones que tienen más de 16,000 habitantes por km², como ocurre con la Cuauhtémoc. O, seguirlo permitiendo en colonias como Las Granadas que carecen de áreas verdes y espacios abiertos.  Una densidad razonable, por colonia, es decir vivible, debería ser el límite de la verticalidad; no la maximización del lucro financiero por cada metro² de terreno disponible para construir. Lo primero es planear la Ciudad, lo segundo es, como está ocurriendo, depredarla.

—Entonces, si el número de habitantes decrece la demanda de vivienda también debería disminuir. ¡Órale, ya parezco economista!

—En teoría, pero el volumen de viviendas disponibles ha crecido más que la población. Esto ha hecho que el número de personas por vivienda ocupada pasara de 4.2 en 1995 a 3.4 en 2015. Sin embargo, esto no quiere decir todo que todo mundo cuente con una vivienda digna, en especial las familias de bajos ingresos. Sobre todo porque por su baja rentabilidad este segmento no es de interés para los desarrolladores y, menos aún, las torres que vemos construir por doquier tienen como objetivo atenderlo. Por el contrario, muchas veces estos desarrollos provocan el desplazamiento de estos grupos que deben mudarse a zonas menos costosas.

—¿Eso es la gentrificación?

Gentrificación es un anglicismo de gentifying. Lo que significa este término es que al renovarse un vecindario,  los residentes originales son desplazados por otros de mayor poder adquisitivo que pueden adquirir los nuevos inmuebles, cubrir prediales más altos o, en su caso, pagar rentas más elevadas. Así, la nueva escenografía urbana que a la vista luce agradable, oculta un fenómeno social como es el desplazamiento y la emigración forzada, que expande la mancha urbana y alarga los tiempos de traslado.

—¿Puedes ejemplificarlo?

— Por ejemplo, el Sistema de Actuación por Cooperación de la Colonia Doctores abarca manzanas cuyo Índice de Desarrollo Social está en el rango de muy bajo y bajo, lo que significa que sus residentes no disponen de los recursos para adquirir algunos de los departamentos que ahí se construyan, o, si son dueños de algún inmueble, puedan pagar los nuevos prediales al revalorarse la zona. Preferirán desalojarlos, vendérselos a algún desarrollador y mudarse a otra parte.

—Para el futuro de la Ciudad que implicaciones tiene que su población decrezca.

—Dos reflexiones. La primera es que debemos hacer es considerar con seriedad este fenómeno en el proceso de planeación; no es lo mismo imaginar escenarios para una población creciente y joven que hacerlo para una situación opuesta; menos habitantes y cada vez, de mayor edad. Solo piensa que habrá zonas que se despoblarán más rápido que otras, o las implicaciones que para fines de movilidad, salud y empleo, y para las finanzas de la Capital, significará tener un mayor el número de adultos mayores.

—¿Y la segunda?

—La dinámica de muchos problemas que afectan a la Ciudad de México se debe a la forma como funciona el Área Metropolitana del Valle de México y la manera como en ella están distribuida la población y los centros de trabajo. Por esta razón, es indispensable que el proceso de planeación se haga a partir de este nivel, es decir del Área Metropolitana, para alinear las políticas públicas, en especial las de desarrollo urbano y movilidad, así como los presupuestos de operación e inversión que las respalden.

—¿A qué te refieres por alinear políticas?

—En primer término, considera que, dado el decremento de su población, la Capital está perdiendo peso relativo en el Área Metropolitana, aunque dentro de ella todavía concentra las principales fuentes de empleo. Esto implica el ingreso diario de una población flotante y de parque vehicular muy importante que crea importantes problemas de tráfico, contaminación y presiona la demanda de servicios públicos. ¿Debemos los capitalinos seguir destinando cantidades importantes de recursos en construir obras de infraestructura vial para atender a esa población flotante o, sería mejor, desde una perspectiva metropolitana, construir sistema de transporte masivo que ingresaran un menor número de vehículos y de buscar la mejor ubicación de los centros de trabajos?, ¿te imaginas si en lugar de haberle puesto un segundo piso al Periférico se hubiera hecho un tren elevado? Parece increíble que en pleno Siglo XXI la única manera que tiene la gente para entrar o salir de la Ciudad de México sea sobre ruedas de hule.

—Me estás hablando de poner en sintonía al Gobierno Federal y a los de la Ciudad de México y el de los Estados de México e Hidalgo; en nuestra realidad política ¿Esto es factible?

—Esta es la parte triste y pesimista de este diálogo. Por experiencia propia sé que el término coordinación en el ámbito público, no pasa de la foto y del discurso sin mayor consecuencia. Me hubiera gustado que, en lugar de convertir al Distrito Federal en entidad federativa, se hubiera considerado la creación, como ya estuvo en la Constitución de 1857, del Estado del Valle de México para asegurar una visión única y coherente para gestionar y planear el desarrollo del Área Metropolitana, pero se impuso el cortoplacismo; medallas para que las presuma la mediocridad. Los alemanes tuvieron los cojones para asumir los costos políticos y financieros que significó reunificar a su País uniendo dos mitades muy desiguales. Nosotros nos los tenemos para modificar las fronteras estatales que tiempo atrás otros mexicanos trazaron. Cierto que nos sobran para sentirnos machos, pero nos faltan para actuar como hombres.

 

 

Nota: Los datos de este artículo fueron tomados del Consejo Nacional de Población, de la base de datos del INEGI y en particular de la Encuesta Intercensal 2015 y del Consejo de Evaluación del Desarrollo Social de la Ciudad de México.

Carlin y Curzio; ¿Qué define el umbral de la libertad de expresión?

Curzio y Carlin

 

Con pocos días de diferencia, dos periodistas destacados: Leonardo Curzio en Mexico y John Carlin en España, salieron de los medios donde colaboraban: Núcleo Radio Mil (NRM) y El País respectivamente.  ¿Qué tienen en común estos episodios?

Curzio, antes de ser periodista y conductor de un programa de noticias, fue investigador, por lo que tiene la disciplina de reunir datos e información para analizarla y, entonces, emitir opiniones fundadas, como lo hace patente en sus artículos y cuando está al frente de cámaras y micrófonos. Incluso, si incursiona en terrenos que le son ajenos, tiene el prurito de advertírselo a sus interlocutores, para que lo consideren al momento de juzgar sus puntos de vista.

Por estas razones, muchos radioescuchas considerábamos la presencia de Curzio en el cuadrante como un punto de referencia, valorado por su seriedad, objetividad y porque sus opiniones no se quedan en lo superficial, sin tomar para ello el papel de pontífice que, desde su púlpito radiofónico o televisivo, nos señala a los mortales el camino a seguir. Tampoco se planta frente al público asumiéndose intelectualmente superior, como sucede con algunos representantes de la llamada comentocracia o supuesta intelectualidad que, entre piropos mutuos para halagarse el ego, terminan hablándose solos.

“La Tertulia” era un excelente programa de análisis político, que ojalá aparezca de nuevo. Ágil, bien conducido y enriquecido con las opiniones de Amparo Casar y Ricardo Raphael que, como Curzio, no niegan su formación como investigadores y su continuo estudio de la realidad nacional.

De padre escoces y madre madrileña, John Carlin es un reconocido ensayista, escritor, guionista y periodista. Obtuvo el grado de maestría en literatura inglesa en la Universidad Oxford. Desde muy joven se inició en el periodismo que lo llevó a trabajar como corresponsal en distintos medios de comunicación en Norte, Centro y Sudamérica, Europa y, en Sudáfrica. Sus experiencias y análisis no solo los ha plasmado en trabajos periodísticos sino también le han servido de base para realizar documentales y escribir libros. En el año 2000 obtuvo en España el Premio Ortega y Gasset. En 2004 publicó “Heroica tierra cruel: crónicas africanas” y en 2008 “El factor humano” sobre una anécdota de Nelson Mandela durante la final del Campeonato Mundial de Rugby, obra que más adelante sirvió de base para el guión de la película Invictus. En 2013 publicó La sonrisa de Mandela, con quien tuvo la oportunidad de establecer un estrecha relación.

Hasta hace poco, Carlin publicaba en El País dos columnas: “El córner inglés” sobre temas deportivos y “El factor humano” sobre cuestiones de actualidad en el ámbito político. Aunque la línea entre ambas no era tan nítida ya que, por lo general, sus observaciones sobre asuntos deportivos daban píe a reflexiones que con facilidad podía llevarse a otros ámbitos, como ocurrió en su última columna intitulada “Piqué para presidente” donde con su característica agudeza y manejo del sarcasmo, analiza las opiniones políticas del central del Barcelona respecto al referéndum sobre la independencia de Cataluña, mientras crítica la actitud negativa hacia dicha opción del Gobierno español. Al final termina proponiendo al joven catalán como presidente de España.

Curzio decidió abandonar NRM cuando, so-pretexto de reducir gastos, la dirección de la radiodifusora le propuso que prescindiera de Casar y Raphael. Condición que juzgó inaceptable y que pudo haber sido la manera que eligieron para decirle adiós.

Dado lo sorpresivo de la partida, en las redes sociales se difundió de manera profusa la última tertulia, porque, supuestamente, en las opiniones que expresó el trío sobre el financiamiento a los partidos, estaban la razones que explicarían la salida de Curzio y el fin de La Tertulia, como en su momento sucedió con el reportaje de Carmen Aristegui en MVS sobre la Casa Blanca de Peña Nieto que, presumiblemente, le abrió a esta la puerta hacia la calle.

Pero, al ver de nuevo el programa de La Tertulia, los argumentos y el talante de los contertulios no me resultaron distintos a los de otras ocasiones. Fueron, como siempre, incisivos, fundamentados y duros, sin faltar al respeto. Más aún, su tono fue el mismo con el que los hemos oído analizar y criticar a todo el espectro político nacional y a los miembros de los tres poderes públicos y órdenes de gobierno. No encontré nada diferente.

Cuando Curzio explicó en su columna de El Universal las razones de su renuncia señaló, por una parte, que el carácter familiar de NRM la desprovee de los contrapesos que tendría si fuera una empresa institucionalizada, donde un consejo de administración actuaría como supervisor y contrapeso del director general y como garante de los accionistas. Mientras que, por la otra, admite que, aun cuando no le consta ninguna presión política para eliminar a “La Tertulia”, si percibe una especie de autocensura ante el riesgo de perder ingresos provenientes del erario.

Quizá por su vena escocesa, Carlin se identifica con los catalanes y, abiertamente, ha defendido la realización de un referéndum; aunque también ha dicho, que no optaría por la independencia, como ya la había escrito en El País, diario que lo despidió, en apariencia, por un ensayo que publicó en el diario británico The Times, con el título “La independencia catalana: este caos lo explica la arrogancia de Madrid”(1), donde empieza por criticar a Felipe VI por el discurso que dirigió a su nación, señalándole su parcialidad, su desdén por los ciudadanos que sufrieron los embates policiales y por hablar más como un representante del gobierno que como jefe de Estado, en cuanto su respaldo, a resolver un conflicto catalán solo por la vía jurídica, sin entender su naturaleza política.

En ese mismo artículo, reiteró sus críticas al establecimiento político de Madrid, en especial del Partido Popular, señalando su mediocridad y su desconocimiento de la realidad catalana, mientras que a Rajoy lo califica de un político de tercera, carente de la estatura de un estadista y que su única opción frente a la cuestión catalana ha sido por la vía legal, como sucedió cuando el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales, varios artículos del Estatut que antes había aprobado el Parlamento de Cataluña y el Congreso de España. A juicio de Carlin, este enfoque unidimensional ha dado aire al voto independentista que en 2006 apenas representaba el 15% de la población.

El tono puntilloso, el sarcasmo y el uso de adjetivos que utilizó Carlin en dicho ensayo, no distan mucho de los que normalmente emplea en sus entrevistas y artículos. Por ejemplo, en una entrevista publicada en El País antes del referéndum británico dijo sobre sí mismo: “Si gana el ‘Brexit’ sentiré vergüenza de haber nacido en Inglaterra” (2), mientras que un artículo sobre Trump lo intituló: ¿Ha habido un líder más ridículo en la historia? (3), y en otro calificó a Putin, Erdogan y Xi Jinping como líderes gorilescos (4).

El despido de Carlin llama la atención porque el El País es un diario que presume de su pluralidad. Despedir a uno de sus articulistas estrellas, incluso laureado con un reconocimiento establecido por el propio diario, porque sus opiniones no coinciden con la posición editorial respecto a Cataluña y, peor aún, hacerlo por un ensayo que publicó en otra nación y en otro idioma, parece un acto de censura desproporcionado.

Sin embargo, este abrupto despido ocurre en una situación harto compleja para el director general del Grupo Prisa, José Luis Cebrián, quien lucha por continuar en su cargo al mismo tiempo que busca la fórmula para reducir los pasivos de la empresa y abatir las pérdidas, capitalizando deuda y deshaciéndose de activos, para lo cual es imperativo contar con el apoyo de grupos financieros en Madrid y Barcelona, y de alguna forma, con la simpatía del Gobierno español.

Al parecer los casos de Curzio y Carlin señalan que el límite de la pluralidad termina cuando algo o alguien se singulariza. Bienvenidas sus afiladas críticas, sus sesudos análisis y sus incisivos comentarios, siempre y cuando no toquen a quienes tienen en sus manos la válvula del suero vital.

Curzio deja claro que, en México, la necesidad de recursos del erario condiciona la línea editorial de NRM y de los medios en general. Mientras que, en España, los socios y los apoyos que procura la Dirección General del Grupo Prisa para mantener su posición y salir del atolladero financiero, seguramente tienen convicciones respecto al conflicto catalán más cercanas al Gobierno español que a las opiniones de Carlin. Por ende, cabría preguntar, aunque quizá parezca cándido, ¿es entonces la necesidad de dinero por parte de los medios lo que en cada caso define el umbral de la libertad de expresión?

(1) Catalan independence: arrogance of Madrid explains this chaos

https://www.thetimes.co.uk/article/catalan-independence-arrogance-of-madrid-explains-this-chaos-vmh7nnxsx

(2) John Carlin: “Si gana el ‘Brexit’ sentiré vergüenza de haber nacido en Inglaterra”

https://elpais.com/internacional/2016/06/23/actualidad/1466703657_316173.html

(3) ¿Ha habido algún líder más ridículo en la historia?

https://elpais.com/internacional/2017/07/02/actualidad/1499019900_692899.html

(4) Gorilas sin causa

https://elpais.com/elpais/2017/05/14/opinion/1494783202_337616.html