López Obrador solo sabe jugar de local

 

Sad young baseball player sitting on a bench

Durante los primeros seis meses de su mandato, López Obrador se ha movido como pez en el agua en el plano interno, sin ningún contrapeso real que tamice sus decisiones. El control de MORENA en ambas cámaras convierte al Congreso en su caja de resonancia. Institucionalmente no hay nada que le impida tomar decisiones que comprometen miles de millones de dólares de recursos públicos. A capricho, canceló el proyecto de infraestructura más grande del País que se encontraba ya en una fase avanzada e inició otros, como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, sin acreditar siquiera su viabilidad. Redistribuye el gasto público cancelando súbitamente partidas, programas sociales y abriendo otros (clientelares) sin mínimas reglas de operación. Desquicia el funcionamiento de entidades y dependencias en aras de una dudosa austeridad, llevándose de por medio al sistema de salud y a los centros públicos de investigación. Despide a más de diez mil servidores públicos que costó esfuerzo y recursos formar sin importarle no solo el aprendizaje y la experiencia que se pierde, sino que esto le hace más difícil el camino al recurrir a funcionarios improvisados, que más temprano que tarde han hecho obvia su incompetencia. Aun así, son inamovibles. Amistad y lealtad priman sobre ineptitud.

Los más directamente afectados han alzado la voz para protestar. Algunos sorprendidos porque contribuyeron con su voto para que se convirtiera en presidente, quien ahora ha tomado decisiones que afectan el bienestar y el futuro de sus familias. Grupos de la sociedad civil hacen eco y suman sus voces a un coro fragmentado y, hasta ahora, descoordinado. Al que se unen las reflexiones de algunos analistas y comentaristas, que reverberan en diferentes círculos empresariales y sociales igualmente preocupados por lo errático que parece el rumbo del País. La oposición, apretujada y reducida a minoría, apenas logra hacerse sentir.

Cuando las críticas y cuestionamientos a sus decisiones se verbalizan o se manifiestan en artículos y editoriales, entonces se acallan con epítetos, no con razones. La estrategia es descalificar a quien piensa distinto, no combatir con inteligencia sus argumentos. A quienes lo critican los etiqueta como mafiosos y corruptos que extrañan sus ilegales prebendas o de abusadores que reclaman sus privilegios perdidos. Términos como conservador y neoliberal se usan como sinónimos de expresiones peyorativas como cretinos y fifís.

Él asume que sus aún altas cifras de popularidad bastan para acallar el griterío. Sin embargo, ante la incertidumbre, inversionistas y consumidores de cualquier calibre han asumido una posición conservadora que ha ralentizado la actividad económica. Ante la evidencia estadística de este hecho, su actitud es de negación —“tiene otros datos”— y de reiterar su voluntarismo mágico como la fórmula para lograr objetivos que cada vez se antojan más distantes.

Pero, en el plano externo, las cosas han sido totalmente opuestas. Aquí, la reacción en contra de sus decisiones no se ha limitado a críticas, protestas o comentarios por parte de quienes se consideran afectados o en desacuerdo sino que estos, atendiendo a sus intereses y a sus funciones, le han respondido con acciones contundentes que lo han hecho recular y, además, aceptar condiciones que limitan su libertad para actuar, como sucedió con Trump y, como muy posiblemente le ocurrirá con las calificadoras, cuando le expliquen con calma el costo que tiene para las finanzas públicas la degradación de la calidad crediticia de Pemex y el Gobierno.

Desde el inicio de su mandato, López Obrador flexibilizó en sus afanes populistas los controles de la frontera sur favoreciendo el ingreso masivo de migrantes centroamericanos, a quienes incluso prometió apoyo y trabajo. De hecho, en el PND se menciona que el Tren Maya y el Corredor Transístmico servirán como las “cortinas” que capten el flujo migratorio hacia el norte. Ignoró que, ante la precaria situación de los cafeticultores guatemaltecos presionados por la baja del precio, estos aprovecharían la mínima oportunidad para emigrar, no a México sino a los Estados Unidos. Así, se hicieron visibles caravanas de miles de guatemaltecos con destino a la frontera con ese País, lo que provocó que, en los primeros cinco meses del año, el número de aprehensiones hechas por la Patrulla Fronteriza estadounidense se incrementara en 118% con respecto al año anterior.

Por absurdo que parezca, como si se tratara de un error de párvulos en política exterior, López Obrador pasó por alto que, desde el arranque de su campaña presidencial, la inmigración ilegal a los Estados Unidos ha sido una de las principales banderas de Trump, desde la cual ha lanzado contra los mexicanos todos tipo de acusaciones e insultos y le ha hecho mantener desde el principio de su mandato un tenso pulso con los demócratas, quienes en forma reiterada le han negado fondos para la construcción del muro, diferendo que hace unos meses llegó al extremo de dejar al Gobierno estadounidense sin recursos para operar.

Con base en estos antecedentes, era ingenuo suponer que Trump toleraría de manera pasiva un aumento tan espectacular en la inmigración ilegal y que no aprovecharía la oportunidad para lucrar políticamente e imponerle a México sus condiciones, aunque sean tan absurdas como mezclar cuestiones migratorias con comerciales, que además violan el TLC que norma la relación comercial entre ambos países.

Pero, a diferencia de las descalificaciones y desdén que Lopez Obrador muestra frente a las críticas internas, un tweet amenazante de Trump bastó para que empezara a bailar al ritmo, en la pista y en los términos que este escogió. De inmediato envió una misión a Washington que negoció a contra reloj. A partir de lo acordado ordenó el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera sur, redistribuyó funciones entre Gobernación y Relaciones Exteriores, creó comisiones y grupos de trabajo, ordenó contactar con los países centroamericanos y reasignó recursos fiscales. Además, aceptó que todo lo que se haga estará sujeto a verificación en un plazo de cuarenta y cinco días, y de cuyo resultado dependerá que Estados Unidos no le imponga al País condiciones más pesadas.

Para colmo, durante la misma semana que Trump lanzó su ultimátum, Moody’s y Fitch redujeron la calificación de la deuda soberana de México y la de Pemex. Esto significa que habrá que pagar en contante y sonante tasas de interés más altas, lo que presionará los presupuestos del Gobierno y de la paraestatal.

La razón es que ambas calificadoras consideraron la desaceleración de la economía, la falta de claridad respecto a la estrategia económica del País y la posibilidad de que las políticas en materia energética y presupuestal no resuelvan la problemática de Pemex y sí tengan en cambio un efecto negativo en las finanzas públicas.

En esencia, como ocurrió con el tema migratorio, López Obrador subestimó la reacción de terceros interesados que no solo están radicados en otros países, sino que tienen presencia global. El tweet de Trump no surgió de la nada. Antes hubo contactos y advertencias que no entendió. Después de la visita de Kushner en marzo en la que aparentemente informó sobre la preocupación de la Casa Blanca respecto al crecimiento de las entradas ilegales a su territorio, en mayo envió a Ebrad a Washington para que presentara el Plan Centroamérica. Pompeo no lo recibió. El mensaje fue claro. No tiene sentido hablar de estrategia a mediano plazo cuando el flujo migratorio creció más de 100% . ¿Qué va a hacer México hoy para controlarlo?, imagino que, por los compromisos que aceptamos, esta debió ser la pregunta.

Un jefe del Ejecutivo que no viaja, ni siquiera para visitar a sus vecinos con el fin de conocerlos personalmente, pese a la relevancia que uno de ellos tiene para la vida económica del País, es un presidente que cumple a medias con su mandato constitucional de representar internacionalmente al Estado mexicano. Esta función no tiene un mero carácter protocolario, sino que se trata de apoyar, defender y engrandecer los intereses de México en todos los ámbitos: político, comercial, cultural, ambiental, etc.  Y eso no se puede hacer sin que, con cierta frecuencia, el presidente viaje al extranjero. Más aún, porque buena parte de la relaciones diplomáticas fluyen a partir del conocimiento personal de los jefes de Estado. Ciertamente, el contacto cara a cara no asegura la empatía entre ellos, pero sí es un paso importante para ganarse el respeto y hacerse escuchar.

Desconozco si existe una razón médica para que López Obrador no viaje al extranjero. O, si él prefiere la comodidad de la localía y el calor de la tribuna llena de sus partidarios. Pero, en la medida que no aprenda a jugar de visitante, participando en foros internacionales y visitando otras naciones para conversar con sus sendos mandatarios, legisladores, empresarios y miembros de su sociedad civil, deja un hueco que no llena nadie y que en nada contribuye al progreso nacional, sobre todo porque es imposible ignorar que la globalización ha hecho a todas las naciones más interdependientes para resolver su problemática y no se diga la que afecta a toda la humanidad.

Qué irónico que López Obrador pretenda vender el avión presidencial para resolver un problema que pudo con anticipación entender mejor si hubiera viajado para al menos saludar, a quien ahora le pone condiciones y lo presiona contra reloj para que las cumpla. Encerrarse en casa, no resuelve lo que pasa en el vecindario. Menos cuando se trata de una inundación.

2 pensamientos en “López Obrador solo sabe jugar de local

  1. De aquí, la difícil situación por la que atraviesa México. Efectivamente, estábamos hartos de la degradación política que vivíamos y ansiábamos un cambio radical, con rumbo cierto y próspero. Pero no fuimos capaces de visualizar la verdadera estructura social de nuestro México, tan bien como lo hizo Andrés Manuel López Obrador, después de tantos años de añorar la toma del poder. Descubrió la pirámide estructural del pueblo y fue capaz de conquistar a sus seguidores y demás adeptos bañados de esperanza. Su triunfo fue contundente y las consecuencias no se hicieron esperar: improvisación, incertidumbre y expectativas desastrosas o, cuando menos, regresivas por lo que hace al desarrollo de nuestro país. En resumen, no tenemos más remedio que seguir trabajando desde nuestros distintos campos de acción, así como lo vienes haciendo tú, desde hace ya varios años: concientizando, educando y analizando las consecuencias negativas de no corregirse oportunamente el rumbo. Hay algo que me preocupa mucho, el hecho de no contar ahora con una fuerza de oposición efectiva y contundente, que sea capaz de contrarrestar los abusos del poder. Yo veo que López Obrador va por la “libre”, como dice el dicho popular. Cuenta con una mayoría en el Congreso, ha estructurado a modo el Poder Judicial y ni se diga con el autoritarismo y dominio que ejercita en el propio Ejecutivo y todo esto, además, sin una efectiva oposición de los partidos políticos hoy inexistentes o devastados. Hagamos conciencia de esto y actuemos en consecuencia.
    Te felicito y mando un fuerte abrazo.
    Gustavo Zenizo G.

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