La democracia del menos malo no hace mejor al País

Escoger al menos malo

Pese al ruido electoral provocado por las declaraciones grandilocuentes de los candidatos, quienes nos prometen que en apenas seis años, un suspiro en la vida de una nación, cambiarán a México y remediarán sus mayores males. Y al martilleo de la propaganda oficial que nos plantea el proceso electoral como una oportunidad para que los ciudadanos influyan en el rumbo del País. La realidad es que, para millones de mexicanos, las elecciones federales no son para elegir, como presidente de la República, al mejor entre un grupo que admiran y respetan, sino para escoger entre la clase política que desprecian, al menos peor o al que a su juicio represente el riesgo menor.

Si la estima social hacia la clase política ya estaba en mínimos, el trasfuguismo que se ha dado recientemente la ha empeorado. En un abrir y cerrar de ojos, los otrora críticos y adversarios, ahora son porristas serviles de quien antes detestaban, sin importarles exhibir su carencia de dignidad y de valores. Una vez acogidos con fanfarrias en su nuevo bando, viven la efímera fama que provoca la representación de su comedia. Sonríen y explican ante las cámaras, las razones que según ellos provocaron su mudanza. En los medios y en las redes sociales se compara su ayer con su hoy; sus palabras, sus escritos. Indignados, recordamos como increparon a quien ahora le besan la mano. Hacerlo parece relajarlos; quien antes los tildaba de mafia, ahora los ha admitido en su regazo en calidad de arrepentidos. Están perdonados, les dice, como tantos otros que, teniendo méritos suficientes para ser carne de presidio, hoy se desgañitan en alabanzas a favor de quien les sirve de escudo garantizándoles impunidad

Que sepa aquel, a quien ahora halagan y admiran, que no dé por buena la lealtad de estos repentinos partidarios, porque de esta no tienen nada. Mañana, como es normal en la clase política, el olfato de sus intereses le señalará adonde buscar un nuevo amo.

La confusión que para el ciudadano ha creado este trasfuguismo, cuyo fin primario es ocupar al menos alguna capillita donde se disfrute de un poco de poder público, de una teta presupuestal y, si se puede, evadir a la justicia, se ha hecho todavía más profunda por las alianzas inverosímiles que se han dado entre partidos: el partido que está a favor del aborto y los matrimonios homosexuales se alía con aquel que abiertamente se opone a ambas cosas; el partido de la derecha se alía con uno de la izquierda. Pese a que apenas hace doce años, este reclamaba que el primero había ganado la Presidencia de la República mediante un fraude electoral, lo que costó meses de tensión y zozobra, y una toma de posesión vergonzante realizada a punta de empujones y codazos

Cuando se suma el trasfuguismo de la clase política con el pragmatismo de los partidos que han tirado a la basura su ideología e historia, uno se pregunta cómo afectará todo esto al ciudadano común al momento de votar. La clase política asume que los electores se moverán al tronar de sus dedos. Basta que cambien de partido para que también lo hagan quienes eran partidarios del anterior. ¿Será así o este desbarajuste estimulará el abstencionismo?, ¿qué harán los partidarios del PRD de toda la vida?, ¿votarán por un candidato a la presidencia que como político se desarrolló bajo otro ideario y que además pertenece a una élite económica?, ¿en la Ciudad de México, los panistas de hueso colorado votarán por una candidata que proviene de un partido que desde siempre ha gobernado y legislado la Ciudad y cuya longeva dominancia explica buena parte del caos urbano y la corrupción inmobiliaria que impera en la Capital?, ¿escogerán los priístas a un burócrata que nunca militó en el PRI y que ha tenido la flexibilidad necesaria para acomodarse con tres presidentes distintos?, ¿los grupos a favor del aborto y el matrimonio homosexual apoyarán a los candidatos de Encuentro Social

El elenco electoral no estimula el ánimo para acudir a las urnas. “No hay a quien irle”, es frase frecuente en todo tipo de reuniones. La clase política, como todos los días nos revela su pobre desempeño, no es un imán para la atracción de talento. Ahí no vemos a los mejores. La calidad del debate político de la precampaña, que no pasó de una guerra de letrinas, es prueba fehaciente de esta miseria

Las opciones se limitan a tres individuos:

López Obrador, un Trump tropical que está a la espera de sentarse en el despacho presidencial para resolver, con la chispa de su voluntad unipersonal, los problemas nacionales cuya complejidad hace obligado un profundo diagnóstico, una estrategia bien diseñada e implantada y, sobre todo, tiempo para resolverlos. Sus promesas populistas, extraídas de un mágico recetario con el que se cura todo sin dolor, ni costo alguno, evidencian la siembra de la carnada en busca de votos. Sin embargo, más que su populismo, lo que preocupa es lo letal que puede resultar al País la suma de ignorancia, ineptitud y megalomanía.

Si las razones por las que López Obrador no encaja con lo que demanda el puesto de jefe del Poder Ejecutivo están de lado de sus aptitudes y capacidades personales, en el caso de Anaya se refieren a su escasa experiencia para ocupar ese cargo, que justo evidencia en el mentado asunto de la planta industrial. Su experiencia en la Administración Pública Federal ha sido mínima, ni siquiera alcanzó el año, y nunca ha desempeñado un cargo donde en él haya recaído la responsabilidad entera de una organización. Parece un piloto de avioneta, que logró el control de la escuela de pilotos, y  ahora pretende dar un salto mortal para tomar el timón de un súper jumbo.

Por tener una carrera burocrática, Meade es quien más conoce del ámbito público. Por ello se desempeña bien en foros de banqueros e industriales tanto del País como del extranjero. Pero hasta ahora no se le ven espolones para gallo, y vaya que ya está maduro para eso. No tiene la personalidad, ni el carácter para convocar a sumarse alrededor de él. Le resulta difícil despojarse de papel de un segundo de abordo servicial, discreto y eficiente, para asumir que ahora es él quien está al frente del pelotón. Y por más que nos quiera convencer de que atravesó el pantano sin enterarse de las causas que explican su pestilencia, es difícil que le creamos cuando la corrupción y la impunidad son en el actual gobierno una obviedad difícil de ocultar. Esto irrita a la ciudadanía porque reta su inteligencia, lo que inevitablemente lastrará su campaña. Más, porque hasta ahora no hay nada en ella, que haga creer en un nuevo comienzo para romper con décadas de un crecimiento magro que ha entrampado a las generaciones más jóvenes.

Así, veo las cosas al inicio de la campaña presidencial. No soy optimista. Pese a los miles de millones que cada año gastamos en partidos e instituciones para el desarrollo de nuestra democracia, en la baraja política los mexicanos parecemos condenados a recibir siempre cartas de baja denominación que, de poder hacerlo, nos gustaría cambiar

Votar por el que parece el menos malo o votar por aquel que impida el triunfo del peor, es lo que muchos mexicanos ven como su única opción al momento de acudir a las urnas. Pero seamos claros, escoger al menos malo no nos ha hecho, ni hará, un mejor País.

14 pensamientos en “La democracia del menos malo no hace mejor al País

  1. Alfredo Uno de tus más atinados y preclaros escritos. Que miedo aceptar la clase de sociedad en que nos hemos convertido. Un abrazo

    Enviado desde mi iPhone

  2. Alfred: en lo general de acuerdo contigo, me refiero a lo decepcionante del panorama electoral y sus “candidotes”, pero hay que votar mientras el abstencionismo no tenga un peso específico en las urnas, pero sobre todo porque el detecho al voto universal históricamente ha costado decenas de vidas, literalmente. Por consiguiente hay que animar a los ciudadanos a votar porque la abstención no tendrá ningún efecto real y hay que crear la cultura de la participación a toda costa porque eso sí traerá beneficios aunque sea de largo plazo. Habrá que escuchar las propuestas de los candidatos (partidos y coaliciones) y provocar debates de fondo. No estoy de acuerdo en tu comparación o simil entre AMLO y TRUMP porque el populismo de uno y otro es completamente diferente, amén de que el concepto de “populismo” es sumamente confuso y si TRUMp esta en el extremo de la derecha AMLO no se ubia en el extremo de la izquierda (que dice que los polos opuestos se tocan, pero sólo en unos pocos elementos). AMLO es un reformista y hasta medio conservador y nunca tomó medidadas extremas cuando fué Jefe de Gobierno del DF. Se ha creado un “fantasma” de su personalidad que no tienen sustento, el “peligro para México” ha sido este gobierno de priístas supercorruptos que Meade no va a detener. Puede que AMLO no logré en ese renglón mucho, pero el PRI no va siquiera a intentarlo por la complicidad de que son parte, así como tampoco el Niño Prodigio pues también hay funcionarios Panistas que tienen la cola sucia.
    SALUDOS DE EDUARDO IBARRA G. . .

  3. Alfredo Buenas noches, ya con más tiempo. Amén del muy obscuro panorama que pinta en diáfanos colores tu artículo, creo qué hay un colofón que podría agravar aún más la situación de nuestra sociedad. Espero no ser apocalíptico, supongo que independientemente del resultado electoral o precisamente por este vamos a vivir una “revuelta” que es difícil calcular. Si así fuese, hasta donde podría llegar esta “inestabilidad”; revuelta política, social ?. Coupe de etat? Tan dañada está la trama del tejido social de nuestra sociedad tal y como lo narras en el artículo?. Tu, escribiendo ayudas a una concientisacion. Gracias Buenas noches

  4. Buenos días: en general de acuerdo. Se podría comparar como populista a AMLO con Trump? si este último ante todo es un capitalista protector del capitalismo. Qué pensaría de los independientes?

  5. Excelente texto y análisis. Desafortunadamente, esta es la triste realidad. Votar por el menos malo, por el que supone menos riesgo para el País y el que pueda augurar regresar al menos la corrupción al nivel anterior al 2012. Gracias por compartir.

  6. Me queda más que claro tu planteamiento, creo que la mayoría de las personas con educación piensan lo que expones. Gran forma de plasmarlo,, felicidades. El asunto es, ¿Qué podemos hacer para romper esta partidocracia que nos asfixia y que genera más pena que beneficio? Eso sería darle vuelta a la página de nuestra incipiente democracia…

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