Ciudad de México; cada vez menos, pero más amontonados

Población de la Ciudad de México 1990 a 2030

—A ver, repítelo despacio porque no te creo nada.

—Qué desde 2005 la población de la Ciudad de México se está reduciendo. Cada vez somos menos.

—No entiendo; tú me dices que la Ciudad se está vaciando, y yo siento, apenas salgo a la calle, que se está llenando.

—Mira la gráfica con calma para que te convenzas: la población en 2015 fue casi la misma de 1995. Y seguirá bajando; en 2025 será incluso menor a la de 1990 y, para 2030, estará por debajo de la que había en 1980

—¿Qué está pasando?

—Es la suma de dos fenómenos: un flujo migratorio crónicamente negativo y un crecimiento natural de la población cada vez más bajo.

—Explícalo en términos sencillos; no como economista.

—Desde hace muchos años, el número de personas que emigran de la Ciudad México supera a los que inmigran, pero el crecimiento natural de la población, nacimientos menos fallecimientos, compensaba con creces esa salida, aunque cada vez en una menor proporción.

—¿Por qué dices en una menor proporción?

—Porque la tasa de crecimiento natural de la población de la Ciudad de México es decreciente; en 1990 era de 1.71%, mientras que en 2017 será de 0.72%, es decir menos de la mitad de lo que crecía antes. Por eso, a partir de 2005 el aumento natural de la población ya no compensa el saldo negativo del flujo migratorio. Esto lo ves claro en la siguiente gráfica:

Crecimiento de la Población de la Ciudad de México 1990 a 2030

—¿Qué edad tienen los que emigran?

—Una tercera parte son menores de edad, lo que hace muy probable que emigren junto con su familia. Pero el 80% de los emigrantes tiene menos de 42 años.

—¿Qué implica esto?

—Que se acentuará el envejecimiento de la población de la Ciudad de México porque se van los más jóvenes y, en especial, mujeres en edad reproductiva. En 2017 el promedio de edad en la Capital será de 35 años, uno de los más altos del País.

—Bueno, pero quizá los que emigran no se van del todo, porque solo se mudan a algún municipio del Estado de México o de Hidalgo, por lo que permanecen en el Área Metropolitana.

—Cierto, pero no todos. Muchos emigran a otros Estados incluso fuera del País. Aunque lo importante de tu comentario es que, para fines urbanísticos, esa mudanza entre entidades explica porque se ha extendido la mancha urbana del Área Metropolitana del Valle de México.

—¿Por qué se van de la Ciudad de México?

—Si hablamos de los que emigran a entidades no colindantes, quizá el factor más importante es que a partir de los noventa, la Ciudad de México empezó a perder su carácter industrial, ya sea porque muchas empresas cerraron al entrar en vigor el TLC, mientras que otras, como las automotrices, se mudaron a otros estados.  Hoy, poco más del 20% de la actividad económica de la capital se debe a la presencia de corporativos, en especial los del sector financiero, y a que en ella se asientan los tres poderes de la Unión, mientras que el sector manufacturero y el de la construcción apenas representaron en 2014 el 7.1 y el 3.2% respectivamente del PIB capitalino.

—¿Por qué si la población se reduce, tenemos la impresión de que hay más gente y vehículos?

—Por cuatro razones:

La primera, porque la Ciudad de México es la entidad federativa con más alta densidad de población; 5,800 habitantes por km² contra 724 del Estado de México que ocupa el segundo lugar y contra 10 de Baja California Sur que se ubica en el último.

La segunda, porque dentro de la concentración, hay aún más concentración; la densidad de población de delegaciones como: Azcapotzalco, Venustiano Carranza, Gustavo A. Madero, Benito Juárez, Iztapalapa y Cuauhtémoc superan en dos y tres veces al promedio de la Ciudad. Por ejemplo, las dos últimas pasan de 16,000 habitantes por km².

La tercera, porque en días laborables hay una población flotante de casi dos millones de personas, equivalente al 25% de la población de la Ciudad de México, que provienen de otros Estados y que en gran parte trabajan en las demarcaciones de mayor densidad. Además de que cientos de miles de ellos ingresan a la Capital en su vehículo particular.

Por último, el transporte público es pésimo lo que estimula el uso del automóvil; si antaño había un auto por familia, ahora en muchas familias cada miembro adulto tiene uno. A esto suma que las calles y avenidas resultan insuficientes para que en ellas circulen o se estacionen una número creciente de vehículos y, por último, la organización del tráfico es deficiente, amén de la corrupción que lo hace más caótico.

—O sea, que cada día la Ciudad de México recibe millones de personas que demandan espacio para circular, estacionamiento, servicios públicos, producen basura y además contaminan, pero que no contribuyen fiscalmente a sufragarlos. Incluso deben ser miles los que disfrutan del subsidio al Metro.

—Quizá, si son asalariados, las empresas donde trabajan paguen el impuesto de 2% sobre la nómina, más la actividad económica que generen sus gastos en la Capital. Pero los demás dejan poco.

—¿Cómo explicar el boom inmobiliario si cada vez hay menos habitantes?, ¿quiénes compran los departamentos?

—Creo que el término boom inmobiliario no representa la realidad. Más que boom lo que se ha dado en la Capital son burbujas inmobiliarias en áreas específicas que han sido seleccionadas por los desarrolladores por su potencial comercial, con el consentimiento y apoyo del Gobierno, para atender la demanda de segmentos de mercado que cuentan con recursos para adquirir un inmueble o contraer una hipoteca. En contraste, hay zonas de la Ciudad, en especial donde se asientan los grupos de menores ingresos, en las que no hay ni boom, ni burbuja sino el tradicional abandono.

—¿Han contribuido estas burbujas al caos urbano?

—El meollo del problema es que el móvil de las burbujas es generar la máxima ganancia en el menor tiempo posible; no el desarrollo urbano. Esto implica enfocarse en zonas con potencial, adquirir terrenos y  venderlos tantas veces como pisos se construyan sobre ellos. Así, se autorizan torres sin considerar sus implicaciones en el suministro de servicios, en el tráfico vehicular y, menos aún, en la densidad de población existente la zona. El desarrollador maximiza sus ganancias y los vecinos resienten, y seguirán resintiendo, los efectos negativos que ese negocio provocó. El desarrollador se larga escondido cobardemente detrás de un entramado de sociedades y fideicomisos efímeros, los vecinos se quedan, la pagan y son lo que dan cara para defenderse.

—Pero el Gobierno de la Ciudad repite como mantra “Ciudad compacta” para justificar la construcción de edificios. Ya ves, como la Ley de Reconstrucción se propuso incrementar la altura permitida en aquellos edificios que se reconstruyan.

—Es un argumento engañoso de un discurso que delata la complicidad entre Gobierno y desarrolladores. Resulta estúpido usar el término “Ciudad compacta” para justificar la construcción de torres en delegaciones que tienen más de 16,000 habitantes por km², como ocurre con la Cuauhtémoc. O, seguirlo permitiendo en colonias como Las Granadas que carecen de áreas verdes y espacios abiertos.  Una densidad razonable, por colonia, es decir vivible, debería ser el límite de la verticalidad; no la maximización del lucro financiero por cada metro² de terreno disponible para construir. Lo primero es planear la Ciudad, lo segundo es, como está ocurriendo, depredarla.

—Entonces, si el número de habitantes decrece la demanda de vivienda también debería disminuir. ¡Órale, ya parezco economista!

—En teoría, pero el volumen de viviendas disponibles ha crecido más que la población. Esto ha hecho que el número de personas por vivienda ocupada pasara de 4.2 en 1995 a 3.4 en 2015. Sin embargo, esto no quiere decir todo que todo mundo cuente con una vivienda digna, en especial las familias de bajos ingresos. Sobre todo porque por su baja rentabilidad este segmento no es de interés para los desarrolladores y, menos aún, las torres que vemos construir por doquier tienen como objetivo atenderlo. Por el contrario, muchas veces estos desarrollos provocan el desplazamiento de estos grupos que deben mudarse a zonas menos costosas.

—¿Eso es la gentrificación?

Gentrificación es un anglicismo de gentifying. Lo que significa este término es que al renovarse un vecindario,  los residentes originales son desplazados por otros de mayor poder adquisitivo que pueden adquirir los nuevos inmuebles, cubrir prediales más altos o, en su caso, pagar rentas más elevadas. Así, la nueva escenografía urbana que a la vista luce agradable, oculta un fenómeno social como es el desplazamiento y la emigración forzada, que expande la mancha urbana y alarga los tiempos de traslado.

—¿Puedes ejemplificarlo?

— Por ejemplo, el Sistema de Actuación por Cooperación de la Colonia Doctores abarca manzanas cuyo Índice de Desarrollo Social está en el rango de muy bajo y bajo, lo que significa que sus residentes no disponen de los recursos para adquirir algunos de los departamentos que ahí se construyan, o, si son dueños de algún inmueble, puedan pagar los nuevos prediales al revalorarse la zona. Preferirán desalojarlos, vendérselos a algún desarrollador y mudarse a otra parte.

—Para el futuro de la Ciudad que implicaciones tiene que su población decrezca.

—Dos reflexiones. La primera es que debemos hacer es considerar con seriedad este fenómeno en el proceso de planeación; no es lo mismo imaginar escenarios para una población creciente y joven que hacerlo para una situación opuesta; menos habitantes y cada vez, de mayor edad. Solo piensa que habrá zonas que se despoblarán más rápido que otras, o las implicaciones que para fines de movilidad, salud y empleo, y para las finanzas de la Capital, significará tener un mayor el número de adultos mayores.

—¿Y la segunda?

—La dinámica de muchos problemas que afectan a la Ciudad de México se debe a la forma como funciona el Área Metropolitana del Valle de México y la manera como en ella están distribuida la población y los centros de trabajo. Por esta razón, es indispensable que el proceso de planeación se haga a partir de este nivel, es decir del Área Metropolitana, para alinear las políticas públicas, en especial las de desarrollo urbano y movilidad, así como los presupuestos de operación e inversión que las respalden.

—¿A qué te refieres por alinear políticas?

—En primer término, considera que, dado el decremento de su población, la Capital está perdiendo peso relativo en el Área Metropolitana, aunque dentro de ella todavía concentra las principales fuentes de empleo. Esto implica el ingreso diario de una población flotante y de parque vehicular muy importante que crea importantes problemas de tráfico, contaminación y presiona la demanda de servicios públicos. ¿Debemos los capitalinos seguir destinando cantidades importantes de recursos en construir obras de infraestructura vial para atender a esa población flotante o, sería mejor, desde una perspectiva metropolitana, construir sistema de transporte masivo que ingresaran un menor número de vehículos y de buscar la mejor ubicación de los centros de trabajos?, ¿te imaginas si en lugar de haberle puesto un segundo piso al Periférico se hubiera hecho un tren elevado? Parece increíble que en pleno Siglo XXI la única manera que tiene la gente para entrar o salir de la Ciudad de México sea sobre ruedas de hule.

—Me estás hablando de poner en sintonía al Gobierno Federal y a los de la Ciudad de México y el de los Estados de México e Hidalgo; en nuestra realidad política ¿Esto es factible?

—Esta es la parte triste y pesimista de este diálogo. Por experiencia propia sé que el término coordinación en el ámbito público, no pasa de la foto y del discurso sin mayor consecuencia. Me hubiera gustado que, en lugar de convertir al Distrito Federal en entidad federativa, se hubiera considerado la creación, como ya estuvo en la Constitución de 1857, del Estado del Valle de México para asegurar una visión única y coherente para gestionar y planear el desarrollo del Área Metropolitana, pero se impuso el cortoplacismo; medallas para que las presuma la mediocridad. Los alemanes tuvieron los cojones para asumir los costos políticos y financieros que significó reunificar a su País uniendo dos mitades muy desiguales. Nosotros nos los tenemos para modificar las fronteras estatales que tiempo atrás otros mexicanos trazaron. Cierto que nos sobran para sentirnos machos, pero nos faltan para actuar como hombres.

 

 

Nota: Los datos de este artículo fueron tomados del Consejo Nacional de Población, de la base de datos del INEGI y en particular de la Encuesta Intercensal 2015 y del Consejo de Evaluación del Desarrollo Social de la Ciudad de México.

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