La desunión fue abono de nuestras derrotas; nunca más

Risk and adversity concept

A los mexicanos nos enfurecen y preocupan los reiterados ataques y la petulancia de un personaje tan grotesco como Trump, pero también que esto ocurra en una situación interna donde no nos sentimos representados por quien, al encabezar el gobierno, debería tener la legitimidad moral para fungir como nuestro abanderado y aglutinarnos a su alrededor.

El liderazgo no es atributo que en automático adquiere quien ejerce un cargo, sino el resultado tangible de sus capacidades individuales y de una demostrada autoridad moral. Los jefes mandan, los líderes arrastran. Hace larguísimo tiempo que al frente del gobierno vemos solo efímeros jefes, que, como matrioskas, se van sucediendo en escala cada vez más pequeña. Contrario a lo que sucede con la creciente complejidad de la sociedad mexicana y sus problemas.

Si Trump ha insultado la dignidad de los mexicanos, Peña Nieto ha ofendido su inteligencia.

En una democracia madura con instituciones sólidas e inserta en una sociedad menos complaciente con la corrupción, Peña Nieto y Videgaray hubieran dejado sus cargos largo tiempo hace, para someterse a la justicia. Los episodios de la casa blanca y Malinalco, resueltos en el imaginario legaloide al que suele recurrir la clase política y donde es posible demostrar que dos más dos suman diez, limitaron la capacidad del presidente para conducir al País a su sola autoridad jerárquica. Manda porque para eso tiene atribuciones legales, pero no convence, ni inspira confianza.

El fiasco de la visita de Trump a Los Pinos que irritó e indignó a la ciudadanía, fue el golpe demoledor a la presidencia de Peña Nieto, porque agregó a su palmarés como mandatario, una gruesa exhibición de impericia, falta de oficio de político e ingenuidad, al dejar entrar a la Residencia Oficial a un fajador de barrio, que utilizó la ocasión y el escenario para realizar un acto de campaña, que horas después festinó burlándose públicamente de nosotros.

Videgaray, a quien se le achacó la idea, fue quien en principio pagó los platos rotos con su renuncia como secretario de Hacienda. Pero, la indispensabilidad del amigo entrañable y la estrechez del círculo íntimo, hizo que al poco tiempo regresará al gabinete como secretario de Relaciones Exteriores, cargo que asumió advirtiendo su inexperiencia en cuestiones diplomáticas. Afirmación ociosa porque ya lo había hecho obvio con su célebre ocurrencia.

La amistad presidencial puede convertir a cualquiera en secretario, incluso como ocurría antaño, hasta en presidente de la República. Pero no crea aptitud, ni rellena vacíos curriculares, ni suple la inexperiencia. Peor aún, si el nombramiento ignora a la opinión pública, porque lo interpretará como burla.

El debate suscitado alrededor de las marchas en contra de Trump y muchos de los carteles que se vieron en ellas, ponen de manifiesto el profundo carácter divisivo que ha alcanzado la figura de Peña Nieto, al grado de viciar una manifestación popular plenamente justificada ante las amenazas de quien, por desgracia para el mundo entero, preside el gobierno de Estados Unidos.

Esto pone de relieve la gravedad del momento que vive el País y, en especial, del escenario que habremos de confrontar durante los dos próximos años, en cuanto a la relación con nuestro vecino allende el Río Bravo.

De nuestro lado, como se evidenció desde que empezaron los preparativos de las marchas, las cosas no están puestas a favor de la unión entre nosotros y la claridad de objetivos, sino justo en la dirección opuesta. Un presidente desacreditado con nula capacidad de liderazgo, que además tiene delante de él apenas un año, antes de verse arrastrado por la dinámica electoral y su inevitable mudanza de intereses y apoyos políticos. Es cuestión de meses para que veamos en los poderes federales el corre-corre de la clase política, cuyos miembros renunciarán a sus actuales puestos, y quizá hasta a sus partidos, en busca de una nueva teta presupuestal. Será hasta junio de 2017 cuando el panorama político nacional empiece a aclararse.

En cambio, del otro lado, Trump disfrutará durante su primeros dos años con una cómoda mayoría republicana, sobre la cual se apoyará para lograr resultados en el menor tiempo posible y así poder retenerla. Dado lo breve del lapso para obtener algo tangible, que en verdad permee en su base electoral, lo más probable es que recurra a golpes de efecto; órdenes ejecutivas, leyes e implantación de políticas públicas, publicitadas con la mayor resonancia posible. En todo esto, México es un blanco perfecto, particularmente en el ámbito comercial y migratorio.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero es dejarle claro a Peña Nieto que sus problemas de liderazgo y la proximidad de la terminación de su mandato, lo obligan a incorporar en cualquier negociación con los Estados Unidos, a los sectores académico y privado, así como a las organizaciones sociales que pudieran estar involucradas, porque mientras él y su equipo se irán en menos de dos años, para el País otro tratado comercial significará nuevas pautas para plantear su porvenir, lo que también hace indispensable que exista la mayor transparencia posible frente a la sociedad respecto a lo que se esté por acordar, como justo, en el caso del Brexit, se lo han demandado sus conciudadanos y los miembros del Parlamento Británico a la primera ministra, Theresa May.

En segundo lugar, se debe renovar el Ejecutivo Federal lo más pronto posible. Para ello será necesario modificar los artículos transitorios de Constitución relativos al inicio del período presidencial, para que sea a partir de 2018 y no hasta 2024 como está previsto, cuando este comience el 1º de octubre. Esto permitiría, al menos, abatir en dos meses un tiempo de espera inútil y paralizante, para que un nuevo equipo tome las riendas del gobierno del País.

A los mexicanos nuestras divisiones nos han salido caras; de ellas se han beneficiado otras naciones. En especial los Estados Unidos. Reconozcamos, que en estos momentos y durante los siguientes dos años, hay elementos latentes y circunstancias internas que podrían actuar en contra de nuestra unidad y obligarnos a ver solo el presente, sin mirar hacia el porvenir. No podemos cambiar a Trump, pero sí resolver los desafíos que nos pueden impedir confrontarlo unidos y ganarle la partida. En el pasado, la desunión fue abono de nuestras derrotas; nunca más.

7 pensamientos en “La desunión fue abono de nuestras derrotas; nunca más

  1. Pingback: La desunión fue abono de nuestras derrotas; nunca más | Homozapping

  2. Excelente tu análisis y propuestas Alfredo. Lamentablemente. creo que no existe algún recurso constitucional para echar fuera de Los Pinos a peña nieto antes de dos años que le quedan. El Senado, en mi concepto debe tomar las riendas de la política exterior.Un golpe de estado en este sector. Es posible esto Alfredo? Saludos
    Antonio Caso

  3. Estimado Alfredo : No puedo estar más de acuerdo con todo lo que apuntas ( disparas y aciertas ) en especial en cuanto a la indispensable incorporación en cualquier negociación con Estados Unidos de los sectores académico y privado y organizaciones sociales lideradas por verdaderos expertos en cada materia para negociar con la fuerza necesaria que reclama todo lo que está en juego – que es mucho y no tiene nada de juego – y cuyos resultados positivos logren demostrar que México también puede y sabe ganar. Mejor oportunidad no tendría Peña Nieto en la recta final de su gobierno (?) para tratar de”salvar algo” positivo que pudiéra inscribirse de su paso por la presidencia de nuestro País.

    Un fuerte abrazo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s