En la resaca olímpica; Corea del Sur versus México

Resaca

En la Olimpiada México 68, Corea del Sur ganó apenas dos medallas. Nosotros obtuvimos nueve, que es una marca que todavía no hemos podido siquiera igualar.

El Ingreso Nacional Bruto per cápita de Corea del Sur en 1968 era, a precios actuales, de $180 dólares, apenas una tercera parte del mexicano, que en ese entonces equivalía a $610 dólares¹.

De 1968 a 2016 Corea del Sur, sin haber acudido a la Olimpiada de Moscú 1980, logró 255 medallas olímpicas. México, que sí participó en todas, sólo acumuló 51.

En ese período, el Ingreso Nacional Bruto per cápita de Corea del Sur aumentó 152 veces ($27,400 dlls.), el de México creció sólo 15 veces ($9,710 dlls.), no obstante que en ese lapso se descubrieron y empezaron a explotarse importantes yacimientos petroleros que aumentaron de manera sensible la riqueza nacional, colocando al País como uno de los principales exportadores de hidrocarburos en el mundo.

Entre quienes, según Forbes, tienen una fortuna superior a mil millones de dólares, hay 14 mexicanos contra 31 surcoreanos.

En el grupo de mexicanos, que acumulan casi cien mil millones de dólares, hay nueve casos cuyas fortunas están vinculadas a: privatizaciones de monopolios, empresas públicas y bancos, a la especulación bursátil de los años ochenta hecha al amparo de un mercado laxamente regulado, a contratos con el gobierno, a concesiones de televisión que dieron lugar a estructura monopólica que mantiene una relación simbiótica con el poder político, y a una herencia acumulada a la sombra de cargos públicos. Sólo en cinco casos, aunque algunos son millonarios por herencia, el origen de su riqueza proviene de una actividad netamente empresarial que sirvió para crear grupos industriales.

El grupo de los surcoreanos, aunque mayor en número que el de los mexicanos, acumula setenta y cinco mil millones de dólares. Pero estos se encuentran más distribuidos. Asimismo, destacan aquellos que deben su fortuna a su actividad empresarial y están en campos muy diversos de la actividad económica, incluyendo los de alta tecnología, farmacéutica y electrónica con una notable presencia a nivel internacional.

Como en México, la corrupción es un problema que también afecta a Corea; de hecho, es uno de los países industrializados del lejano Oriente peor colocados en el Índice de Percepción de la Corrupción que elabora anualmente Transparencia Internacional² donde ocupa el lugar 37. Sin embargo, México se ubica, entre las 167 naciones consideradas, en la posición 95.

En 2015, Sung Wan-jong, dueño de un importante grupo constructor que estaba inmerso en problemas financieros, se suicidó, dejando como nota póstuma una lista de personas a las que había sobornado. Entre los que se encontraba el primer ministro Lee Wan-koo, quien no tuvo otro remedio que pedir perdón, renunciar y someterse a la justicia.

En 2014, aparecen en la escena nacional los escándalos de la Casa Blanca y de una mansión en Malinalco que vinculaban a Peña Nieto y Videgaray con Hinojosa Cantú, constructor, contratista y amigo de ambos. Después siguió el asunto de un condominio en Miami que, al estar contiguo al de la señora Rivera Hurtado, esposa del presidente, es usado por ella gracias a que, en apariencia, es propiedad de un amigo de su marido, cuya ilimitada amabilidad alcanza para que le pague el predial con su dinero. Finalmente, como la más reciente perla de este interminable rosario, recién se develó que la tesis de licenciatura del jefe del Ejecutivo, contiene párrafos copiados fielmente de otros textos, lo que aquí y en Corea del Sur se define como plagio.

Pero, a diferencia de lo ha sucedido en ese país asiático, en México el umbral de la vergüenza no ha alcanzado para una renuncia y, menos aún, para activar al Poder Legislativo y a la justicia, como sí está ocurriendo en Brasil. Las cosas se han pretendido resolver con polvo de olvido, argumentos legaloides, que no legales y explicaciones inverosímiles que, además de retar a la inteligencia del ciudadano, lo ofenden porque suenan a burla y porque es un espectáculo que, ante los ojos externos, degrada al País.

En resumen, Corea del Sur ha ido construyendo su futuro a partir de una visión y de proyecto de nación. Los escenarios podrán hacerla realizar ajustes sobre la marcha, pero no pierde la brújula de lo que desea lograr. Su situación actual no obedece a un golpe de suerte sino al trabajo acumulado de muchos años, al liderazgo de una clase empresarial pujante y a una democracia eficaz porque ha servido de medio para elevar su estándares sociales, económicos, culturales y deportivos, y donde la clase política se subordina a las exigencias populares.

En el caso de México, no es sólo la comparación con Corea del Sur lo que debe preocuparnos, sino también la relación entre el potencial que tenemos y lo que hemos podido lograr, aunado a las oportunidades irrepetibles que se nos han ido entre las manos, como en su momento fue el petróleo. Riqueza que, literalmente, brotó de nuestro suelo.

Carecemos de visión y proyecto. Vivimos a expensas de la codicia y de un oportunismo de cortísimo plazo, donde la mediocridad campea, con honrosas excepciones, en los medios: político, cultural, deportivo y empresarial. Ingenuos seríamos, si creemos que puede haber un proyecto deportivo, cuando no tenemos uno de nación.

En México, se puede hacer mucho dinero, como atestigua la riqueza de quienes aparecen listados en Forbes. Pero hacer dinero en lo individual no implica por necesidad crear riqueza para el País, sobre todo porque el pastel –la economía– es sólo uno y cuando éste no crece, como ha sido el caso, significa que si unos comen más es porque otros están comiendo menos. Tampoco la visión y el empuje empresarial pueden sustituirse por el enchufe, los arreglos tras bambalinas y el amigo que sirva de guarda espalda, sino es que de cómplice, testaferro o limpiador de porquería.

Escribió Nietzsche³ que: “No existe desgracia más dura en todo destino de hombre que cuando los poderosos de la tierra no son también los primeros hombres. Entonces todo se vuelve falso, torcido y monstruoso”. ¿Quién puede afirmar que en estos momentos marchan al frente de México aquellos que podríamos calificar como los primeros?

Las preseas olímpicas acumuladas durante decenios no son la suma de casualidades y logros individuales sino el resultado de una visión, liderazgo y de un esfuerzo colectivo tenaz y consistente que no puede sustraerse de la realidad de cada nación. Lo que en nuestro caso, por desgracia, implica que en estos tiempos no estamos, como sucedió en Río, para conseguir muchas medallas.

 

¹ Banco Mundial http://data.worldbank.org/country

²International Transparency http://www.transparency.org/

³Así habló Zaratustra, Nietzsche Friedrich.

Los 80,000 dólares de Calderón y las “pensiones expresidenciales”

Pensiones expresidenciales

Calderón cotizó en el ISSSTE poco más de quince años. Aun así, y pese a contar con sólo 50 años de edad cuando terminó su sexenio, cada mes recibe del erario –y así lo hará de manera vitalicia– un pago de $205,000 que corresponde al sueldo de un secretario de Estado. A este beneficio, se añaden los seguros de vida, gastos médicos y atención gratuita en los hospitales militares para él y su familia, pago de predial, luz, agua, teléfonos, oficinas, viajes, más un séquito de empleados administrativos y militares que puede llegar a 427*.

La comparación de este privilegio cuasimonárquico del que disfrutan los expresidentes mexicanos, con las pensiones a las que pueden acceder los miles de servidores públicos y los millones de trabajadores afiliados al IMSS, resulta ofensiva.

A diferencia de Calderón, quienes cotizan en el IMSS o en el ISSSTE necesitan, para lograr la pensión máxima posible, haber trabajado 30 años, es decir el doble de años de los que necesitó el expresidente y tener 65 años. Pero, en contraste con los expresidentes, esto apenas les da derecho a recibir una pequeña fracción de su último sueldo, por lo que, en muchos casos, aun cumpliendo con todos los requisitos, se debe posponer la fecha de retiro, porque haría imposible mantener un nivel de vida digno.

Los pagos mensuales que reciben los expresidentes no están condicionados a la posibilidad de que obtengan otros ingresos por actividades como: participaciones en consejos de administración, conferencias, consultoría, etc. y, tampoco al monto que alcance su patrimonio y el de su cónyuge al momento de dejar la presidencia de la República.

Por tanto, un expresidente puede estar apto para ganarse la vida o gozar de una cuantiosa fortuna, aun así, los contribuyentes deberán mantenerlo a él, a su familia y arroparlo con decenas de empleados, como, de no cambiar las cosas, ocurrirá con Peña Nieto y su mujer, a quienes, pese a sus bienes personales y haber cotizado sólo seis años en el ISSSTE, deberemos mantener hasta el final de sus días. Además de erigirle con recursos públicos, una estatua para que adorne la Calzada de los Expresidentes en Los Pinos, que mandó construir López Portillo so pretexto de homenajear a sus antecesores, cuando en esencia, por anticipado, ordenó el suyo.

Peor aún; si los ciudadanos resienten como consecuencia de los avatares de la economía nacional: recortes presupuestales, mayores impuestos, menos deducciones fiscales y oportunidades de empleo más escasas, los expresidentes pueden estar tranquilos, porque la partida destinada a transferir recursos públicos a su bolsillo está exenta de reducciones.

Recientemente, la empresa Iberdrola designó a Calderón como consejero de su filial Avangrid, por lo que recibirá anualmente la cantidad de $80,000 dólares, que es lo que paga a los miembros de su consejo. Es claro, que este nombramiento no se da por el know how que el expresidente pueda aportar a Avangrid, sino por su know who. Es decir, los españoles no buscan abrevar de sus conocimientos de la industria energética, que no deben ser muchos porque su gestión al frente de la Secretaría de Energía duró menos de un año, sino beneficiarse de sus relaciones y contactos en el medio político y en las administraciones federal, estatales y municipales, para abrir puertas y obtener información veraz de primera mano.

Todo lo anterior debe hacer cuestionarnos, y más porque los contribuyentes pagan la factura: el monto, la pertinencia, la legalidad y, sobre todo, la proporcionalidad de esos ingresos y privilegios garantizados de por vida que se les dan a los expresidentes, considerando las condiciones que aplican al resto de los mexicanos que, por cierto, una buena parte ellos no tiene ninguna posibilidad de pensión, mientras que aquellos que empezaron a cotizar a partir de la creación del Sistema de Ahorro para el Retiro, sólo podrán aspirar a pensiones que apenas pasarán de tres salarios mínimos. ¡Claro, después de haber pagado onerosas comisiones a sus sendas AFORES por dejarlas lucrar con sus mínimos ahorros!

¿No es una injusticia que se le otorgue un pago vitalicio de casi el 100% de su último ingreso a los expresidentes, cuando los servidores públicos y afiliados al IMSS deben trabajar 30 años y alcanzar los 65 para apenas obtener una fracción mínima de su último ingreso?

¿Por qué, como sí se hace con los derechohabientes del ISSSTE, la pensión de los expresidentes no se calcula sólo sobre su sueldo base ($40,766) y no con base en la compensación total que recibe un secretario ($205,000)?

¿Al recibir del erario Federal un pago mensual que no está formalizado como una pensión, se debe considerar a los expresidentes como servidores públicos, por lo que como tales deberían presentar sus declaraciones: patrimonial, fiscal y de intereses?

¿Acumulan como ingresos para fines fiscales, el pago de predial, luz, agua, teléfono, oficinas, etc. que cubren con recursos del erario?

¿Es un conflicto de intereses que un expresidente reciba recursos de erario y trabaje para empresas privadas?

Si bien hay razones de seguridad para asignarles personal militar, ¿cuál es la justificación para pagar con recursos públicos una abultada nómina de empleados administrativos, que muy probablemente atienden cuestiones personales y domésticas? Por ejemplo, los que tiene Calderón, ¿trabajan para él o para su esposa?, ¿sería legal que ésta los utilizara para su precampaña?

¿No es un conflicto de intereses que los pagos a los expresidentes se hayan establecido través de acuerdos no publicados en el Diario Oficial y de dudosa legalidad que, en esencia, significan que ellos mismos, sin ningún contrapeso, se fijaron su propia retribución y una larga lista de prebendas injustificables?

¿Deberían los presidentes de la República pagar una cuota mensual por los alimentos y servicios personales que en Los Pinos reciben él, su familia y sus invitados personales?, ¿deben estos gastos, que no están vinculados al ejercicio de su cargo, recaer en el contribuyente?

¿Han evitado la corrupción, las pensiones  y privilegios paradisiacos de los que disfrutan los exmandatarios?

El avance democrático del País obliga a legislar sobre las pensiones a los expresidentes, los apoyos que reciben y su manutención mientras habitan en Los Pinos. Los beneficios de los que disponen actualmente son un oneroso resabio de una presidencia imperial, abusiva y tramposa. Ya se logró acabar con la partida secreta que era la caja chica del mandatario en turno, toca ahora modificar los pagos y las prebendas que se han asignado en demasía, los mismos que las disfrutan.

*Villanueva Villanueva Ernesto, Nucci Gonzáles Hilda. Las pensiones expresidenciales, Rc et Ratio, Año 6, Vol. VI, Enero – junio 2013. México