El inexorable alargamiento de la adultez

 

Generaciones

El notable incremento que ha experimentado la esperanza de vida está dando lugar a la eclosión de una nueva fase de la edad adulta, que no hemos logrado caracterizar, ni entender a cabalidad sus implicaciones en la sociedad, pero que cada día se hace más evidente en la medida que el grupo poblacional que más rápido está creciendo, es el que supera los sesenta y cinco años de edad.

Un niño nacido en 1950 tenía una esperanza de vida de 49 años. Hoy, si el niño de aquel entonces se convirtiera en abuelo a la edad de 65 años, sus nietos tendrían una esperanza de vida de 76 años. ¡No está mal!, es un aumento de 50%, lo cual ha sido gracias a los avances de la medicina y a que, pese a todos los tropiezos que ha tenido la economía del País, la calidad de vida ha mejorado, aunque no de igual manera para todos los mexicanos, ni al nivel que hubiéramos deseado.

¿Quiere decir lo anterior que quienes nacieron en 1950, como ese abuelo hipotético, llevan rato viviendo años extras?

No, lo que ocurre es que el cálculo de la esperanza de vida se hace de acuerdo a la edad de cada grupo poblacional, como lo puedes apreciar en la siguiente gráfica:

Esperanza de vida 2

Si te fijas con detalle en las dos primeras barras notarás que son iguales. Es decir, la esperanza de vida y los años probables por vivir de un recién nacido (0 años de edad) son números idénticos: 76 años. En cambio, para una persona de 50 años su esperanza de vida es de 79, lo que significa que presumiblemente tiene 29 años más por vivir.

La esperanza de vida se calcula con base en la pirámide de edades que exista en un momento específico. Por tanto, si través del tiempo ésta se alarga hacia edades mayores, como ha ocurrido, los nuevos cálculos apuntarán a más longevidad. Es decir, en la medida que quienes nos preceden vivan un mayor número de años, hace muy probable que nosotros viviremos aún más que ellos. Por eso, cuando ese nieto recién nacido alcance los 79 años es factible que la esperanza de vida al nacer ronde en ese entonces los 100 años.

Ahora te pido que observes las siguientes gráficas donde se comparan las pirámides de edades de 1950 y la que probablemente exista en 2030. Fecha que no nos debe parecer muy lejana, pues casi equivale al tiempo que ha transcurrido desde el año 2000, cuando nos preocupábamos de todos los posibles efectos cibernéticos que traería la llegada del nuevo milenio. ¡Parece que fue ayer!, ¿no es así?

Pirámide de edades

La primera diferencia entre ambas gráficas es que mientras la primera luce como una pirámide, la segunda parece la silueta de un edificio moderno, lo que refleja el efecto acumulado de la reducción constante que ha tenido la tasa de natalidad. Por ejemplo, en 1950 la población comprendida entre 0 y 4 años representaba alrededor del 15% del total, mientras que en 2030 apenas rebasará el 5%

La segunda diferencia es el área de los triángulos que están por encima de los 65 años, donde la que corresponde al año 2030 es claramente más grande, lo que significa que este segmento de la población será proporcionalmente mayor y mucho más numeroso, porque el número de habitantes alcanzará los 126 millones contra los 27 que había en 1950.

La evidencia estadística claramente señala que nuestra vida como adultos se ha alargado y que continuará haciéndolo. Hoy, en una familia pueden convivir fácilmente tres generaciones de adultos, antes sólo lo hacían dos. Por ende, las preguntas que nos hacemos son: ¿en dónde, dentro de esta adultez más longeva, pondríamos la frontera con la ancianidad?, ¿es válido seguir metiendo en el costal de los adultos mayores (¿cuáles serán los menores?) a todos los que rebasan los 65 años? ¿A qué edad una persona deja de ser productivo? ¿Adulto mayor y anciano son términos equivalentes?

Muchos países europeos cuyos planes de pensiones establecen un beneficio definido momento de la jubilación —un porcentaje del promedio de los últimos salarios—, han tenido que alargar la edad de retiro a 67 años, lo que con toda seguridad seguirán haciendo en un futuro cercano.

En México, el sistema de cuentas individuales establecido en 1996 a partir de la creación del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) resolvió en parte el problema del financiamiento de pensiones, porque éste se basa en un esquema de alcancías donde a lo largo de su vida laboral el trabajador acumulará sus aportaciones y las de su empresa hasta cumplir los sesenta y cinco años. A partir de ahí, con lo que haya juntado disfrutará de una pensión escuálida —dos o tres salarios mínimos a lo más calculan los actuarios— que, desde luego, no será suficiente para sobrevivir. El SAR le permitió al Estado reducir las aportaciones que hubiera tenido que hacer de continuar con el antiguo sistema, pero a cambio trasladó el problema a los trabajadores porque pensionarse significará hundirse en la miseria. Ésta es una de tantas bombas de tiempo, donde el gobierno en turno prefiere mirar hacia otra parte; al fin que cuando eso pase, ellos ya nos estarán.

Sin embargo, el Gobierno aún tiene el problema de los trabajadores que empezaron cotizar en el IMSS antes de 1997 y que se jubilarán con la ley anterior, así como los casos, quizá más gravosos, referentes a los sindicatos del IMSS, CFE y PEMEX cuyas edades de jubilación y montos de retiro son en extremo generosos.

Pero cambiar la edad de jubilación es relativamente fácil, en comparación con las dificultades que existen para remover paradigmas y prejuicios que se crearon cuando era otra la estructura de edades del País, pero que permanecen en el imaginario colectivo, impidiéndonos afrontar las consecuencias de una realidad tan distinta como evidente.

Por ejemplo, hoy la edad promedio en México es de 27 años y, aun así, muchas empresas no reclutan a mayores de 40 años. ¿Quiere decir esto que las personas que tienen el edad promedio les quedan escasos 13 años para que se les considere “empleables”? ¡estúpido, verdad! En reiteradas ocasiones les he preguntado a los responsables de Recursos Humanos la razón de este tipo de límites, incluso menores, pero nunca he obtenido una respuesta inteligente. El prejuicio es antídoto de la razón.

La realidad es que existe un número creciente de mexicanos en edad adulta y cuya frontera se está extendiendo cada vez más. Millones alcanzan los 65 años en pleno uso de sus facultades y con la capacidad y experiencia para seguir agregando valor. Mal hacemos si vemos a ese grupo como material de desecho, porque de esa forma tiramos a la basura un capital humano invaluable cuya formación requirió tiempo, esfuerzo y muchos recursos. Veamos el caso de los Estados Unidos donde varios de los candidatos a la presidencia rebasan esa edad y ello no es un obstáculo para que compitan, por uno de los puestos más complejos que existen en la administración pública a nivel mundial. En política, como en otros ámbitos profesionales, las canas cuentan, y mucho.

Al ser la adultez la fase que más se está alargando en la vida del ser humano, deberíamos para aclarar las cosas, subdividirla en: adulto temprano, adulto medio y adulto mayor, para después seguir con el de anciano. Término este último que se ha desechado de nuestro vocabulario, no porque su significado no fuera congruente con la realidad, sino por haberle dado, como ha ocurrido con otras palabras, una connotación negativa.

De esta manera, podríamos revalorar la concepción y el alcance del denominado adulto mayor, cuya contribución a la economía se sigue necesitando, sobre todo porque ahora vivimos más años y se requiere que más sean lo que sumen y menos los que resten. Por otra parte, a nivel individual la salud mental requiere tener un sentido de realización, lo que a su vez previene enfermedades físicas que favorece la depresión que causa el no sentirse útil.

La edad es sólo registro de un tiempo pasado. Qué somos y de qué nos sentimos capaces depende de cada quien. He conocido viejos, algunos muy viejos que, pese a que acumulaban en la espalda pocos años de vida, se veían en este mundo, sentados, pasivos, a la espera de que el tiempo pasara y los demás hicieran algo. En cambio, he disfrutado a jóvenes que, aun llevando muchos años a cuestas, me han compartido su mirada fresca, su curiosidad intelectual que no toma por dado nada y su incansable espíritu renovador. De ellos aprendí que, en la vida, jóvenes son aquellos que abren la estela y viejos quienes se dejan arrastrar.

 

5 pensamientos en “El inexorable alargamiento de la adultez

  1. ESTUPENDO ARTÍCULO, QUERIDO ALFREDO… Y ADEMÁS MUY ALENTADOR EN LA ACTUAL CIRCUNSTANCIA! UN ABRAZO CON MI AFECTO DE SIEMPRE

    VICENTE SOLANO

  2. Opinión puntual y certera sobre un tema que nuestras autoridades le han dado la espalda por miedo y falta de sentido de responsabilidad. Saludos

    Francisco Múgica

  3. Estimado Alfredo; ya tengo 70 años y me siento tan útil como siempre. Aquí una no conformidad potencial que puede (si se voltea para otro lado) como dices presentar una debacle en un futuro próximo.

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