Reforma Política del D.F. #AsíNo

Imposición 4

Se nos consulta lo urgente, pero no lo importante

Apenas un par de días antes de que se llevara a cabo la consulta ciudadana sobre el Corredor Chapultepec, la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados aprobó la Reforma Política del Distrito Federal, cuyo impacto en la vida presente y futura de los capitalinos rebasa en mucho las consecuencias negativas que pudo tener una ocurrencia con fines de lucro, disfrazada de propósitos culturales.

Pese a lo anterior, a los capitalinos no se nos ha consultado de manera pública y formal, si deseamos que el Distrito Federal se convierta en entidad federativa. Proceso que debería haber partido de una campaña de información, para que la ciudadanía pudiera conocer y aquilatar las ventajas y desventajas de esa opción.

Por el contrario, la clase política sigue tratando a los ciudadanos como menores de edad. Desde su óptica paternalista, los políticos sí saben lo que necesitamos. Generosos, nos dieron la oportunidad de opinar sobre un proyecto absurdo, pero no se nos considera aptos para dar nuestra opinión sobre algo tan importante como es la forma como políticamente se organizará y funcionará la Ciudad donde vivimos, lo que inevitablemente afectará nuestra cotidianeidad, sobre la ya que pesan muchas lozas producto del caos urbano que padecemos.

Si de acuerdo a la Constitución una consulta popular puede convocarse con el 2% de la lista nominal, ¿Qué pasaría si los capitalinos nos damos a la tarea de juntar 140,000 firmas —2% de la lista nominal del D.F.—  para que se haga una consulta popular sobre la Reforma Política del Distrito Federal? Quizá argumentarían los leguleyos que eso no tendría valor legal porque no somos un Estado, pero tendría un peso moral y político

Empezando por el revés

La reforma política parte del error común, que a menudo son gestos políticos inocuos, de creer que la promulgación de leyes es suficiente para transformar la realidad. Más aún, basta crear una estructura burocrática y los problemas se solucionan. Convirtamos al Distrito Federal en una entidad más y ya está, asunto resuelto. Los capitalinos tendremos un renovado amanecer gracias a los padres fundadores de nuestra nueva patria chica.

Antes de plantear la Reforma política del D.F., que pudo incluir varias opciones y no sólo convertirla en una entidad federativa más, debió partirse de un entendimiento profundo de todas las aristas de la problemática de la Capital y del área metropolitana del Valle de México con la que está integrada funcionalmente, y de la cual representa en términos poblacionales una parte minoritaria.

Los millones que viven en la megalópolis a diario transitan por ella; residen en una delegación o en un municipio, pero se divierten, trabajan, van a la escuela, compran y visitan al médico en otro lugar, como se evidencia en los atascos que a diario padecemos. Se dice en la Reforma que las nuevas demarcaciones se harán con base en la población, ¿Cuál: la residente o la flotante? Pregunta importante porque ambas afectan la demanda de servicios y el espacio urbano. El Distrito Federal no es una ínsula cuyo mínimo territorio e infraestructura sólo usan sus residentes.

Si el problema lo estudiáramos a partir del área metropolitana del Valle de México, con seguridad las decisiones que habría que tomar para beneficio de todos sus habitantes, serían de mucho más calado que la Reforma Política propuesta. Pero eso exigiría mayor altura de miras, talento y el atrevimiento para tomar decisiones trascendentes. Rasgos difíciles de encontrar en la mediocridad que impera en la clase política.

La adopción del modelo municipal sin explicar por qué

En una actitud temeraria sino es que irresponsable, se propone dividir a la Ciudad en nuevas demarcaciones. ¿Cuántas habrá? ¿Con base en qué criterios? No lo sabemos, porque eso dependerá de la Asamblea Constituyente y ahí vendrá la rebatinga, porque cada demarcación significará poder político y recursos fiscales. ¡Imaginemos las pugnas de la partidocracia cuando se fragmente Ixtapalapa!

Pero lo que sí sabemos es que cada una tendrá un alcalde y un concejo integrado por un mínimo de 10 y un máximo de 15 concejales. Por ende, al convertir las delegaciones actuales en las demarcaciones iniciales, habrá por lo menos 160 nuevos cargos de elección popular financiados con nuestro dinero y que para los partidos significará un jugoso botín para colocar a sus leales. Otra vez, la democracia como coartada para hacerse de más poder y recursos públicos.

¿Cuál será la relación del alcalde con su concejo? ¿Cuáles los asuntos que éste tendría que aprobar? ¿En qué proporciones?  Lo desconocemos. Peor, no se necesita ser muy listo para darse cuenta que la multiplicación de demarcaciones y consejos pulverizarán la solución de problemas, que en la práctica cruzan a la Ciudad a lo largo, ancho, alto y profundo, por lo que ese modelo de organización hará todavía más complejo la posibilidad de resolverlos. Sólo imagine que en su calle usted vive en una demarcación y sus vecinos de enfrente, en otra, y que sus sendos concejos resuelven cuestiones distintas sobre los mismos temas; ¡demencial¡, no es cierto.

Con el debido respeto a los abogados, pero con base en mi experiencia, he podido ver que los enfoques jurídicos en materia de creación de instituciones no se traducen por necesidad en las mejores opciones organizacionales y con frecuencia son opuestos a los principios básicos de la administración. Cierto que en cuestiones jurídicas colegiar decisiones es una fórmula para asegurar imparcialidad, pero cuando esto se lleva a la práctica administrativa a través de concejos y comisiones, la toma de decisiones se empantana y la responsabilidad termina siendo de nadie.

Asamblea constituyente; atrás de la raya que estoy trabajando

La Asamblea Constituyente se integrará por 100 diputados. Sesenta por el principio de representación proporcional donde podrán participar independientes, siempre y cuando cada uno junte más de 76,000 firmas. Los cuarenta restantes serán 14 diputados federales, 14 senadores, 6 designados por el presidente y 6 por el Jefe de gobierno. Nadie cobrará nada, aunque los servidores públicos que ya tengan un sueldo, no renunciarán a él durante los cuatro meses establecidos para redactar la Constitución de la Ciudad de México. Difícil será encontrar independientes que trabajen gratis.

En palabras llanas, los ciudadanos aquí no pintan nada.

Qué eventualmente la Asamblea Constituyente puede someter a consulta popular la Constitución; es probable. Pero lo absurdo es que antes nos debieron preguntar si creemos que convertirnos en entidad federativa, subdividirla quizá en más 20 demarcaciones, gobernadas por un Jefe de Gobierno, un gabinete y más de 200 alcaldes y concejales es la fórmula correcta para resolver los problemas de la Ciudad donde vivimos.

Yo, lo dudo.

Exijamos nuestro derecho a opinar sobre nuestro presente y futuro

Sí lo ciudadanos exigimos opinar sobre lo que ocurriría en una fracción insignificante del territorio del Distrito Federal, ahora resulta imperativo que exijamos que se consulte nuestra opinión sobre la Reforma Política propuesta antes de que la apruebe el Senado. Más aún, sólo se necesitan que 43 senadores convoquen a una consulta popular sobre este tema.

2 pensamientos en “Reforma Política del D.F. #AsíNo

  1. Pingback: Reforma Política del D.F. #AsíNo | SalvoLomas

  2. Tienes razon Alfredo en todo lo que dices. Para mi se resume solo en tener mas huesos que repartir y mas dinero de los ciudadanos (los que pagamos impuestos) a repartirse en una burrocracia cada dia mas adueñada del pais. Saludos

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