Ayotzinapa; la verdad exige mirar en todas direcciones

Tragedia para los padres que viven el vacío que dejaron sus hijos, sin saber si lo llenaran de nuevo o si algún día lo podrán cerrar con un abrazo o, al menos, con un entierro.

Tragedia para el País que se confronta de manera cruda con la inocultable descomposición de las estructuras del Estado, con sus miserias, sus enormes contrastes y los impermeables entrepisos de su vida cotidiana.

Varios Méxicos contenidos en una sola estructura coronada con la palabra nación, pero a la vez, incomunicados entre sí. Más aún, porque las escaleras que los unen son angostas y empinadas. Quizá por eso, es más sencillo bajar que ascender.

Leí con detalle el Informe del GIEI y procuré quitar las etiquetas que tiñen los hechos y sesgan las conclusiones, porque considero importante tomar distancia para analizar el caso de Ayotzinapa desde una perspectiva amplia. Más aún, porque éste no ocurrió de manera espontánea en un vacío, sino que está dentro de un escenario donde a diario se conjugan muchos elementos que por desgracia forman parte de la vida del País.

El 26 de septiembre de 2014 un grupo de muchachos se apodera de autobuses, algunos con pasajeros y sus choferes, con el fin de disponer de medios de transporte para asistir días después al aniversario del 2 de octubre en la Ciudad de México.

Pese a que esos actos están tipificados como delitos en el Código Penal, el documento, aun avalado por una exprocuradora, resta importancia al hecho y afirma que esas acciones son prácticas frecuentes y toleradas en diversos estados del País; es decir, interpreto, que la violación consuetudinaria de una norma jurídica equivale a abrogarla y por ende, infringirla no acarrea ninguna consecuencia, ni debe la autoridad hacerla cumplir y, menos aún, los que resulten perjudicados física y materialmente deben acudir a la justicia.

El eco de la frase —“práctica frecuente y tolerada”— planteada en tono condescendiente, se reproduce como música de fondo en cada uno de los hitos del trágico acontecimiento, porque el detalle con el que se les describe hace evidente que en México el imperio de la Ley es una quimera.

Un grupo ciudadano que se considera agraviado y que no encuentra la forma de ser escuchado, asume que esto justifica actuar fuera de la ley, incluso perjudicar a terceros; mientras que quienes representan al Estado, piensan que su condición de servidores públicos les da el derecho a violarla.

Por ende, una conclusión trágica que se desprende del Informe, es que así como éste califica de “práctica frecuente y tolerada” la comisión de delitos como: el secuestro (privación de la libertad de pasajeros y choferes), el robo (toma de autobuses), el pandillerismo, la afectación a las vías de comunicación y medios de transporte, también, por la impunidad que prevalece, pueden calificarse como “práctica frecuente y tolerada”, los delitos, en este caso perpetrados por servidores públicos, como el cohecho, el ejercicio ilegal de facultades, la coacción a la autoridad, contra la integridad corporal o psíquica, y contra la libertad física, incluyendo en estos últimos la desaparición forzada.

Así, los hechos descritos en el Informe del GIEI revelan como los puestos públicos y las investiduras oficiales con las que se representa y actúa a nombre del Estado, se usan como franquicias para delinquir —y por aberrante que parezca— para delinquir con la ley en la mano, porque en el borroso imperio de la incertidumbre jurídica se puede estar al mismo tiempo con un píe puesto en el terreno de la legalidad y con el otro en el de la ilegalidad.

En este contexto, los muchachos de Ayotzinapa se colocaron en una posición vulnerable en el momento mismo que decidieron violar la ley, porque eso le dio a la cara legal de las autoridades políticas y policiales la justificación para hacer uso de la fuerza y perseguirlos, mientras que a su cara ilegal, le proveyó de una coartada para emplear las armas, aprehender a un grupo de ellos y finalmente desaparecerlos, por causas que aún desconocemos.

En la degradación superlativa del Estado, criminales y autoridad aparecen amalgamados en un mismo cuerpo donde resulta imposible saber el principio y el final de cada uno, porque el dinero —y más cuando se le suman las armas— los funde en una mancha que con facilidad se extiende a otros ámbitos de la sociedad civil; se compran ojos, oídos, brazos, piernas y, en especial, voluntades.

Por ello, así como los expertos sugieren con toda pertinencia ahondar las indagatorias respecto al quinto autobús, también debe investigarse la posibilidad de que la banda de Los Rojos hubiera tenido infiltrados entre las decenas de muchachos que participaron en el secuestro de los autobuses para que, con la coartada de la toma de éstos y escondidos entre la masa, intentaran perpetrar algo en contra de Guerreros Unidos, el grupo rival.

Desafortunadamente, el peso de la tragedia y la presión social han convertido en tema tabú la más mínima sugerencia de que, al amparo de plata o plomo, el narco hubiera podido penetrar en el alumnado de Normal Isidro Burgos.

Pensar que una línea de investigación en este sentido, implica mancillar el nombre de los desaparecidos, justificar su suerte, ponerle a la Normal una etiqueta que avale la barbarie usada en contra de sus alumnos, legitimar un crimen y exonerar a los responsables, son apreciaciones erróneas que dejan fuera del análisis de los hechos, la posibilidad de que, sumada al conjunto de elementos que derivaron en la desaparición de los muchachos, éstos hubieran sido también víctimas de una traición que facilitó las cosas a quienes los atacaron o de una manipulación para crear una cortada, actuar de pantalla y, en su caso, servir de carne de cañón.

El reto del nuevo trabajo que emprenderá el GIEI no está sólo en buscar una verdad sólida y congruente donde todas las piezas cuadren, sino también en romper tabús que permitan buscarlas o descartar su existencia en donde todavía no se ha mirado.

16 pensamientos en “Ayotzinapa; la verdad exige mirar en todas direcciones

  1. Totalmente de acuerdo!

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  2. Aunque miremos en todas direcciones, la verdad dificilmente se sabra. Ahora encuentran al “Gil”, responsable de todo lo acontecido. Encuentran ADN que corrobora el segundo normalista. Creo que todo se tratara de fabricar y no van a poder justificar sus conclusiones. Si hubieran reaccionado como lo hicieron en el lamentable evento en Egipto, de seguro habrian sabido la verdad desde un principio. Y tal vez ya la sabian desde entonces, pero no les convino exponerla…. en Egipto les van a dar sopa de su propio chocolate.

  3. Alfredo excelente análisis de una verdad evidente, que no han querido ver ni las autoridades, en sus tres niveles de gobierno, ni tampoco e inexplicablemente los medios. Lo fácil es culpar de todo al gobierno, que sin lugar duda es responsable en esta tragedia, pero no justifica que a los otros responsables no se les investigue y peor aun se les aliente a seguir actuando AL MARGEN DE LA LEY. Felicidades un abrazo.

  4. Muy interesante el artículo. Creo faltan, entre otros, algunos temas: * Quien los envió a Iguala * Papel del Director de la Normal * Si hay crimen de Estado es del Estado de Guerrero y del Municipio d Iguala, ambos vinculados con él PRD * No se ha investigado el vínculo Normal-Guerrilla-Narcotráfico * Detrás del Informe del GIEI está el resentido Emilio Álvarez Icaza quien quizo ser Presidente de la CNDH y no lo logró. * Si los hallazgos de la Universidad de Innsbruck no son creíbles cuales si lo son. Saludos cordiales Arturo

    Enviado desde mi iPad

  5. Alfredo, excelente análisis, lo sorprendente es que ya no nos sorprende que todo se inició con un hecho fuera de la ley, y la autoridad lo deja de lado por ser “práctica frecuentemente tolerada” por supuesto esto incrementa la frecuencia de estas prácticas en lugar de extinguirlas y esto podemos extrapolarlo a otros ámbitos de la vida jurídica del País, y esto debilita a nuestro México.

  6. Felicitaciones por un artículo claro, coherente y objetivo. No hay muchos así.

    Mi comentario es que, desafortunadamente, la verdad detrás de hechos como los de Iguala permanecerá fuera del alcance de el GIEI (y de muchos más) porque a ninguno de los involucrados le conviene que salga a la luz. No conviene a autoridades corruptas y coludidas con criminales; no conviene al crimen organizado, sean Rojos o Guerreros Unidos; no conviene a los directivos de la Normal Isidro Burgos; etc. Por ello todos darán versiones parciales y torcidas de lo ocurrido.

    Lo más grave es que la población ya se ha fabricado una verdad, tal vez sin sustento alguno, pero una verdad que le acomoda. La consecuencia histórica de Ayotzinapa no depende de la “verdad histórica” ni de la verdad objetiva y real (cualquiera que sea), sino de la verdad construída y elegida por la población y por intereses manipuladores, pues es sólo esa “verdad” la que perdurará y afectará las futuras acciones y decisiones de los ciudadanos. Ayotzinapa ya no es un tema de verdades o hechos, es un tema de política, donde la verdad se ajusta a los intereses.

  7. Estupendo artículo !
    Un análisis que merecería la pena difundir aún de manera más amplia por las evidencias que destaca en el manipuleo y discrecionalidad en la aplicación de nuestras leyes , y no solo por las observaciones mismas de tan aberrante evento.
    Felicidades!

    A Cuevas Kurczyn

  8. Don Alfredo:
    Yo, un ciudadano inquieto por la situación comprometida del país, le reconozco su agilidad para enfocar la problemática de Ayotzinapa; su capacidad de análisis, me hace distinguir como y donde puede
    encontrarse la solución, espero que la autoridad encuentre la verdad, verdad. Un abrazo.

    • Don Luis:

      Muchas gracias por su comentario.
      Hechos como los de Ayotnizapa demanda que se aclaren puntual y fehacientemente. De otra suerte, se son heridas abiertas que al no cerrar, son abono para el reclamo permanente y no permiten ningún aprendizaje. Saludos.

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