“El hambre”; reseña

El hambre 1El hambre es un libro incómodo y áspero porque, sin paliativos, nos confronta con uno de los problemas más graves que aún afectan a millones de seres humanos en pleno siglo XXI, al que hemos llegado vanagloriándonos de la infinidad de avances tecnológicos que hacen nuestra vida —la de los que sí comemos— más sencilla y, a la vez, más larga. Sin embargo, pese a estos hitos que dejan testimonio de la incesante capacidad del hombre para aprender e innovar, cada año mueren tres millones de niños a causa del hambre y de las enfermedades que ella favorece.

Para llevar a las cosas a un extremo todavía más absurdo, resulta que el problema del hambre no se debe a la falta de comida, porque con la que hay sería factible que todo el mundo comiera, sino que obedece a una larga variedad de causas entre las que desde luego destaca la pobreza, pero donde también concurren otros factores como: cuestiones religiosas, la tradición, la propiedad de la tierra, el desperdicio, políticas públicas equivocadas, la corrupción, la voracidad de las trasnacionales, el cambio climático, las prácticas de empaque y estéticas impuestas por los supermercados, la falta de solidaridad entre naciones, la desforestación, la inestabilidad política, el desinterés de aquellos que sí tienen el pan asegurado, la injusticia, el retiro del Estado de áreas económicas para abrir paso al libre mercado, los subsidios agrícolas en la naciones desarrolladas, la especulación financiera con futuros de granos y oleaginosas, la apropiación de tierras por parte de trasnacionales, la inequitativa distribución de la riqueza entre naciones y entre individuos, los resabios del colonialismo, los biocombustibles que como insumo utilizan cultivos que también alimentan y, por paradójico que parezca, los efectos distorsionadores que en ocasiones causa en la nación que la recibe, la ayuda internacional.

El acierto de Caparros es que nos hace revisar cada una de esas causas y sus múltiples y complejas interrelaciones, analizando el problema desde tres perspectivas que aparecen intercaladas a lo largo del texto.

La primera es la del periodista que investiga, lee, analiza y sintetiza un problema complicado, para que el lector cuente con las referencias básicas para entender sus orígenes, sus implicaciones y darle alguna pista de lo que podrían ser las posibles soluciones. En este sentido, “El hambre” es un excelente ejemplo de lo que es el periodismo de investigación, que no el de denuncia que se limita a utilizar la revelación de un hecho, como un fuego pirotécnico que truena y se expande en efímeros haces de luz que apenas nos dejan ver las cuestiones más superficiales, que no las raíces.

La segunda perspectiva, que podría definirse como antropológica, Caparros nos hace escuchar, mediante entrevistas, la voz de quienes sufren hambre, situándonos en su entorno; las más de la veces paupérrimo, insalubre, marginal. Aunque también hay otras hechas en lugares limpísimos, modernos, donde aparecen otros protagonistas, que no sufridores, de este problema

Estos diálogos nos dan la oportunidad de conocer la visión que los hambrientos tienen de su vida y que por regular se limita a sobrevivir con un horizonte tan breve como un día —viven para comer, no comen para vivir— por lo que incluso la muerte se ve como algo natural, como ocurre con la de muchos de sus hijos que, desnutridos o enfermos, se apagan anónimos en silencio. Así, las entrevistas les dan voz a personas que sería remoto encontrar en nuestro camino, pero que en cambio sí entran asépticamente a nuestros hogares a través de la televisión, provocándonos, en principio, incomodidad, pena, culpa quizá, pero cuyas imágenes reiteradas nos han ido restando, a los que sí comemos, nuestra capacidad de asombro. Ellos se acostumbran al hambre y nosotros a verlos hambrientos.

Estos diálogos nos hacen viajar por la India, Bangladesh, Níger, Sudan del Sur, Estados Unidos, Argentina. ¡¿Cómo; Estados Unidos y Argentina?!, si el primero es una potencia y el segundo es uno de los principales exportadores de carne y soya del mundo. Pues así es, el hambre no sólo ocurre en las naciones más pobres, sino que sin mucha dificultad puede coexistir con la opulencia y disimularse con las estadísticas macro que quizá hablan de estabilidad y progreso. Por ejemplo, de acuerdo a la OCDE, casi uno de cada cuatro mexicanos vive en pobreza alimentaria y el 12.5% de la población padece desnutrición crónica.

Hábil con el sarcasmo, Caparros nos plantea: “hay hambre, porque hay pobreza. La primera tiene causas, la segunda sólo efectos”. Es decir, que en el segundo caso soslayamos sus orígenes, porque eso nos lleva a los temas complicados y, aunque el sentido común nos diga que si unos comen más es porque otros comen menos, se prefiere no indagar demasiado en esta relación, por lo que es mejor pensar que la pobreza no ocurre por una exclusión funcional del sistema sino porque algunos se rezagan, como si la economía fuera un autobús al que no lograron subirse a tiempo.

La tercera perspectiva corresponde a las deliberaciones que Caparros tiene consigo mismo y con un alguien imaginario, que ocupa el papel del lector al que abruma presentándole hechos que no están a su alcance, que no controla, porque éste está dedicado a vivir, como lo hacemos todos, inmerso en su mundo donde a diario se esfuerza por ganarse el pan. ¿Cómo puedes vivir sabiendo que..?, lo cuestiona reiteradamente. Pero lo poco podamos hacer individualmente para resolver el problema del hambre, eso no justifica que cerremos los ojos y no hagamos el esfuerzo de entenderlo.

“El hambre” nos da la oportunidad de adentrarnos en este problema y comprender sus alcances, no a través de sus cifras, en ocasiones edulcoradas o etiquetadas con eufemismos, sino escuchando a quienes la padecen, y también a quienes, sin entenderlo, la propician.

El hambre

Martín Caparros

Planeta, 2014

Un pensamiento en ““El hambre”; reseña

  1. Como dice un proverbio: al que tiene hambre no le des un pescado para que coma, enseñale a pescar. Tu primera frase lo dice casi todo respecto al libro. Aspero e incomodo. No se si el escritor propone algunas respuestas respecto a este problema, o solo nos recuerda lo mal que esta la humanidad en este aspecto. Crees tu, que leyendo este libro, nos deje algo a nuestra conciencia?

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