Las cinco reglas básicas para permanecer en el sistema

Después de acuciosas observaciones de personajes que han logrado tener larguísimas y variadas carreras en el sistema político nacional, se ha encontrado que su dilatada permanencia en él ha obedecido al seguimiento puntual de cinco reglas fundamentales.

Primera.- No pienses lo que tu jefe no ha pensado.

En otras palabras, no te pases de listo. Recuerda que la inteligencia de unos es agravio para otros. Tu jefe te quiere atrás, a lo mucho a su lado, pero no un paso adelante; ahí corres el riesgo que te dé una patada en el trasero. Ya habrá tiempo, espera tu turno. Este llegará y entonces te darás el lujo de la traición y finiquitarás lealtades.

Pero si en un descuido llegas a pensar lo que a tu jefe no se le ha ocurrido, entonces disimúlalo y con habilidad hazle ver que es él a quien se le ocurren las ideas. Así, en lugar de que digas yo pienso, atribúyele a él la paternidad de lo que propongas. Qué trabajo te puede costar decir: como usted lo ha pensado, como usted lo ha dicho, como usted lo ha instruido; en lo fondo lo que te debe importar es que se haga lo que tú quieres.

Segunda.- Encuéntrale el sabor a la mierda

En política no hay nada gratis. Tu jefe, mientras lo sea, no se equivoca. La vergüenza, la dignidad y el respeto a uno mismo pueden lastrar tu carrera. Que si tienes que agachar la cabeza, que si debes desdecirte de lo que antes afirmaste, que si no estás de acuerdo, que si frente a todos quedas como un imbécil; no te preocupes, asume estas actitudes como gestos de lealtad, aunque sea a costa de tragar mierda. Búscale el sabor a ésta, vete a ti mismo como una especie de guardaespaldas político que debe arriesgarse, recibir los golpes y sacrificarse por el jefe. Ya verás que la desvergüenza da en la política más réditos que la dignidad.

Tercera.- La mejor solución es la no solución

Ahora entiendes porque en el país hay tantos problemas nunca se resuelven y que sólo se van heredando entre sucesivas generaciones de burócratas y políticos. Éstos han aprendido que, como si fueran una carrera de obstáculos, los problemas están ahí para evadirse, no para resolverse. Por ende, cuando los tengas enfrente, maquíllalos, relativízalos, a lo sumo condiméntalos con granitos de esperanza; “nos falta mucho por hacer, pero vamos avanzando”, “en otros países están peor que nosotros”, o califícalos como problemas estructurales, o échale la culpa a tus antecesores porque los que te sucedan en tu cargo harán lo mismo contigo.

Cuarta.- Si resolver un problema te crea un enemigo, no lo resuelvas.

El asunto de resolver un problema resulta aún más complicado si te vas a echar enemigos a cuestas. La carrera política se hace de sumas, no de restas. Entiende además, que te mueves sobre un tablero de serpientes y escaleras. El que hoy ves hacia abajo, quizá mañana lo debas mirar hacia arriba y eso incluye a los amigos de éste. Deja a un lado tu arrogancia; entiende que en política hasta los enanos pueden crecer, y eso no es cuestión de talento sino del azar. Más aún, en este ámbito la grisura suele ayudar más que la brillantez.

Asume también que no estarás libre de caídas, por lo que de tu capacidad para sumar dependerá que, como el muñequito de la feria, siempre caigas parado. Si te critican por nunca definirte reacciona con cinismo. Cuando te acusen de nadar de “muertito” no te agobies, porque eso significará que estás a flote y no te has ahogado.

Quinta.- Si robas, comparte y déjate compartir.

Esta regla será tu seguro de vida. De la dimensión y fortaleza de las redes que crees dependerá tu sobrevivencia y sobretodo, tu libertad; aunque a ésta la califiquen de impunidad los críticos de siempre. Recuerda que la corrupción hermana tanto como la sangre y a la vez es un antídoto que neutraliza las amenazas, convirtiéndola en un virus mutante e inextinguible; yo sé que tú, tú sabes que yo, ellos saben que nosotros, nosotros sabemos que ellos. ¿Entiendes como se hacen los nudos de esta red protectora? Se generoso y comparte, y acepta con gusto la generosidad de los demás.

Si tienes duda de que esta regla funciona, pregúntate por qué no hay narcos retirados viviendo en paz; la mayoría termina muerto o encarcelado, en cambio cuántos políticos corruptos conoces que en el retiro llevan una vida placentera, están integrados a la sociedad y no tienen empacho en mostrar su riqueza. Apostaron al olvido y ni siquiera tuvieron que esperar a que la prescripción legalizara sus fechorías; salvada tienen su fortuna y el pedigrí de la familia. Los primeros no supieron sumar y tercos se empeñaron en pelear para ensanchar sus territorios, en cambio los segundos aceptaron desde un principio que el sol sale para todos.

Ves qué fácil.

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